05/08/2018 / 10:46
Manuel Ángel Puga


Imagenes

El Valle de los Caídos: La mirada del perdón

Los monjes que custodian la Abadía no entienden de medidas políticas, sólo de paz, de oración, de reconciliación. 


Hace unos años publiqué en la revista El Granito de Arena (EGDA, nov. 2011) un artículo titulado “El Cristo del Valle de los Caídos”, en el que hacía referencia a la Cruz que se alza sobre el Altar Mayor de la Basílica del Valle y en la que está Cristo crucificado. Recordaba que se trata de una magnífica talla en madera de caoba, obra del escultor Julio Beovide y que fue policromada por el gran maestro Ignacio Zuloaga. La escultura representa a Cristo crucificado, aún con vida, la cabeza alzada y el rostro ensangrentado. Su llamativa mirada se dirige hacia lo alto de la Basílica, hacia el Cielo, hacia el Padre… Es una mirada que no deja indiferente a nadie. Cuando asisto a la Misa que allí se celebra diariamente, a las 11 de la mañana, mis ojos no logran apartarse del rostro del Crucificado.

Pues bien, lo que decía en aquel artículo viene ahora a mi memoria y cobra actualidad, debido a la noticia de que el Gobierno piensa proceder a finales de este verano a la exhumación de los restos de Francisco Franco que, como es sabido, reposan junto al Altar Mayor de la Basílica. Para ello, incluso podría optar por un decreto ley que obligue a hacerlo. El inconveniente está en que los herederos de Franco no autorizan la exhumación ni el traslado de los restos. Y es el caso que, según nuestra legislación, comete un delito de profanación de tumba quien proceda a una exhumación sin contar con el expreso consentimiento de los herederos del difunto. Así las cosas, la crispación y el enfrentamiento están servidos, pero no sólo con los herederos de Franco, sino con millones de españoles que no aceptan ni creen necesaria dicha exhumación y traslado de los restos.

Durante más de treinta años he acudido todos los veranos al Valle de los Caídos para oír Misa en la Basílica. Es una Misa que impresiona, sobre todo, en el momento de la Consagración cuando se hace la oscuridad y un rayo de luz ilumina el rostro del Crucificado… Después de Misa solemos dar un paseo en familia por los alrededores de la Basílica, tras lo cual vamos a comer a la Hospedería que regentan los monjes benedictinos. Puedo asegurar que el Valle de los Caídos es un remanso de paz, de quietud espiritual y de concordia. Así ha sido desde que lo conozco, pero de un tiempo a esta parte hay quienes proyectan hacia este lugar sombras de enfrentamiento y odio. Buen ejemplo de ello es lo ocurrido en el Valle el pasado 21 de julio, sobre las 11 de la mañana, cuando grupos de personas ataviadas con banderas republicanas, pidiendo a gritos la exhumación de los restos de Franco, la retirada de la Cruz y la desacralización de la Basílica, se enfrentaron a otros grupos que, portando banderas de España, gritaban “El Valle no se toca”. La presencia de la Guardia Civil evitó lo que podría haber sido una desgracia.

Esto preocupa y entristece a millones de españoles y, por supuesto, también a los monjes que custodian la Abadía. Ellos no entienden de medidas políticas; sólo entienden de paz, de oración y de reconciliación. Como recientemente ha manifestado a un medio de comunicación uno de los monjes, “nuestra misión es orar por la reconciliación y no ser elementos políticos que fomenten la crispación”. Además, en esta Comunidad hay monjes de avanzada edad. Esta situación conflictiva puede perjudicar su salud.

Decía al comienzo que la mirada del Cristo del Valle de los Caídos se dirige hacia lo alto de la Basílica, hacia el Cielo, hacia el Padre… Es una mirada que implora perdón y concordia entre los hombres. Es una mirada que suplica perdón para quienes actuaron mal, para quienes hicieron daño a sus semejantes, sean del bando que sean… Cristo pide perdón para todos, incluso para quienes le torturaron y dieron muerte… Es el triunfo supremo del amor, del perdón, sobre el odio y la sed de venganza.

La mirada del Cristo del Valle de los Caídos es la mirada del perdón absoluto, incondicional. Es una mirada que nos invita a olvidar el odio y a recordar la alegría, porque quien perdona siente la alegría de haber perdonado mientras que quien odia siente el dolor que produce el odio. Es bien cierto eso de que el odio es un veneno que corroe el recipiente que lo contiene. Es necesario el perdón incondicional, porque sólo él nos libera del odio que pueda haber en el corazón… El Cristo de la Abadía del Valle de los Caídos, con su mirada del perdón, está esperando la visita de quienes quieran acercarse a Él. 


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