21/08/2018 / 21:24
Antonio Yagüe


Imagenes

En agosto, fiesta al rostro

 Agosto es el mes de las fiestas populares en las que la prioridad es disfrutar.


Nadie por estos pagos necesita marcar en el calendario los días 15 (la Virgen),16 (San Roque) y  anteriores o posteriores de agosto. Son fechas grabadas en la mente de los veraneantes y el corazón de algunos de los escasos y en peligro de extinción vecinos de toda su vida. Días extraños en los que las desérticas y frías calles durante el resto del año se tornan en espacios a rebosar, con charangas, bares improvisados y peñas, en un estallido de alegría, juergas e ilusión.

Ocurre en el 70 % de los pueblos de España, según algunas estadísticas oficiales. Agosto es el mes de las fiestas populares en las que la prioridad es disfrutar. Ciudades y pueblos de todas las provincias celebran su semana grande o más pequeña. Para muchos se trata de la principal atracción turística de todo el año e incluso de un foco económico. Para sus ayuntamientos, obligados a no defraudar a los vecinos con una oferta de ocio deslucida o demasiado costosa, se convierten en la verdadera prueba de fuego.

Puede cambiar el contenido y las tradiciones, pero en esta España que recela cada vez más de todo lo que suene a uniformidad, la excitación que envuelve a las fiestas de cada uno de sus municipios es perfectamente intercambiable. Pregón a cargo de un famoso o un colectivo singular; juegos y concursos infantiles; degustaciones gratuitas de limonada típica; campeonatos de guiñote y mus, de tortillas, de rana y de otros juegos; conciertos de grupos pop y rock; bailes con orquestas; discomóviles en la plaza mayor... Y, por supuesto, misas y procesiones son algunas de las actividades. Unas ceremonias religiosas estas cada año más despobladas, cosa de mayores y de  gente no trasnochadora.

No faltan los roces con ediles y alcaldes de los veraneantes que vienen a arreglarlo todo, y con  quienes se consideran los amos del pueblo por residir en ellos durante unos días más. Algunos independentistas, que en Cataluña reniegan de sus raíces, también han venido a visitar a familiares y amigos que consideran no tan listos y de raza inferior. Pero se han olvidado del lazo amarillo y soslayan hablar del ‘procés’, incluso si se les pregunta con la típica retranca ¿”cómo lleváis eso de la indenpendencia” ? Por cobardía o para no aguar la fiesta.


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