01/10/2017 / 15:26
Luis Monje


Imagenes

Exquisitas maneras

La próxima y quizá inminente guerra entre estos dos ridículos bocazas, Kim Jong y Trump, sería nuclear.


La carrera diplomática, tiene para el pueblo, y aún para los universitarios, mucho de sugestiva, aparte de sus atractivos reales. Últimamente, dos destacados jefes de Estado, que debieran dar ejemplo de relaciones cordiales entre sus  países, parecen empeñados  en demostrar todo lo contrario, algo necesario entre naciones para que haya paz en el mundo, Y lo peor es que lo hacen con unas maneras más propias de leñadores del bosque o de pastores en la majada que de presidentes de dos paises en condiciones de organizar una masacre mundial si recurren a las armas atómicas que ambos poseen. Los dos, con sus toscas maneras, no tienen más que apretar un botón  para que la Tierra entera dispute su última guerra. Los miles y aún millones de muertos de las dos últimas guerras europeas y mundiales (la de 1914 a 1918 y la de 1939 a 1945) quedarán al nivel de las luchas entre romanos y cartagineses ante la destrucción de vidas y haciendas de esas dos guerras del siglo XX comparadas con el desastre nuclear que entre el hombre loco de Corea y el viejo chocho americano, como ellos mismos se llaman, pueden provocar, según los exabruptos de pelea tabernaria que se dedican. Y lo peor sería que las víctimas no se limitarían a los jóvenes combatientes de ambas partes, que dejaron a las naciones  enfrentadas casi sin juventud. La próxima y quizá inminente guerra entre estos dos ridículos bocazas sería nuclear, a 2.000 kilómetros de distancia y, por tanto, sin héroes, porque no es heroicidad apretar botones ni morir sin ni siquiera ver al enemigo. Si recordamos la potencia de aquellas bombas de Hirosima y Nagasaky que podemos considerar primitivas ante las que Tremp y Kim Jong lanzarían, los cientos de miles de muertos en esas ciudades japonesas serían una mínima parte de las víctimas con las  superbombas de Hidrógeno que estos don fanfarrones utilizarían y que arrasarían no solo las ciudades en que cayeran, sino también su entorno no sé en cuantos kilómetros de radio. Lo único positivo de esas increíbles armas nucleares es que con ellas no habría muertos, sólo desaparecidos.  Perdonen este final de mal gusto. Es humor negro.
 


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