Hija de la Ilustración


Una de las personas que se vio obligada al exilio fue Leocadia Zorrilla, mujer de firmas ideas liberales que transmitió con pasión a sus hijos e hija, la afamada pintora Rosa Weiss, autora de bellos retratos, preciosos dibujos, paisajes, litografías y óleos, discípula de Goya.

Este 2023 se han cumplido doscientos años de uno de los acontecimientos más penosos para la historia de España. En abril, los llamados Cien Mil Hijos de San Luis comandados por el duque de Angulema invadieron España para poner fin al periodo constitucional, conocido como el Trienio Liberal, y reponer el régimen absolutista que ansiaba Fernando VII. Además de esta espantosa felonía que dio apodo al monarca (rey felón), se desató una terrible persecución de los defensores de la democracia liberal que tuvieron que buscar refugio en Francia.

Una de las personas que se vio obligada al exilio fue Leocadia Zorrilla, una mujer de firmes ideas liberales− y aún más firme determinación personal− que transmitió con pasión a sus hijos e hija, la afamada pintora Rosario Weiss, autora de bellos retratos, precisos dibujos, paisajes, litografías y, por supuesto, óleos, y que aprendió a dibujar de la mano, nada menos, que de Francisco Goya y Lucientes.

La abuela paterna de Rosario Weiss, Agustina Alonso, procedía del municipio alcarreño de Lupiana, si bien ella ya nació en Madrid en 1814. Su padre era un joyero de origen judío alemán y buena posición económica, pero el matrimonio con su madre era de conveniencia e infeliz, lo que dio lugar a una separación dramática, pues conforme a las leyes de la época Leocadia se quedó sin derecho a recuperar los bienes materiales y pecuniarios que aportó al casarse.

Esta situación de precariedad llevó a Leocadia a trabajar de ama de llaves de Goya, a quien conocía desde hace tiempo y con quien estableció una relación de pareja. Este hecho y el de que Rosario naciera cuando sus padres estaban ya separados ha llevado a plantear la hipótesis de que en realidad pudiera ser hija del genial pintor, algo que no puede confirmarse ni descartarse. Con todo, la verdad es que Goya trató a Rosario Weiss como si fuera una hija, procurándole cariño, bienestar, educación e introduciéndola en el mundo del dibujo con siete añitos.

Cuando Goya se exilió en Burdeos (importante asentamiento del exilio liberal español donde se encontraban muchos amigos del pintor como Leandro Fernández de Moratín) en mayo de 1824, Rosario se quedó durante unos meses bajo la protección del arquitecto Tiburcio Pérez Cuervo (autor del imponente Colegio de Médicos de Madrid), que la instruyó en el uso del difumino y la tinta china; pero la militancia liberal de Pérez Cuervo, así como la acusación de haber participado en el ajusticiamiento del cura golpista de Tamajón, le hizo pasar apuros y tuvo que renunciar a hacerse cargo de su pupila, la cual acabó desplazándose con su madre y hermano Guillermo a Burdeos, ciudad en la que vivieron como una familia más y donde visitaron ferias, mercados y espectáculos circenses que luego dibujaban.

En 1828 muere el pintor de Fuendetodos sin haber testamentado nada a favor de Leocadia, como esta afirmaba que era su voluntad. El único hijo superviviente de Goya con su fallecida esposa, Josefa Bayeu, se desentiende dejando a Leocadia y sus hijos en circunstancias muy delicadas, quienes pasan a vivir de una pequeña pensión que Leocadia solicitó al Gobierno francés en su condición de exiliada política, así como de la ayuda económica de algunas amistades igualmente en el exilio.

Guillermo se alistó a las Milicias Nacionales encabezadas por Espoz y Mina que intentaron en 1830 derrocar la monarquía absolutista, pero fueron derrotados en Bera de Bidasoa viéndose obligados a retornar a Francia. Este acontecimiento inspiró a Rosario a realizar una litografía, titulada el «Genio de la Libertad», en la que aparece Espoz y Mina rompiendo las cadenas del absolutismo.

Autorretrato de Rosario Weiss Zorilla. Fuente: Biblioteca Nacional de España.

Weiss había aprendido a hacer litografías en la escuela pública y gratuita del pintor Pierre Lacour, consiguiendo perfeccionar su técnica y adquiriendo una mayor destreza académica. Así, cuando en 1933  la familia regresa a Madrid tras la amnistía política decretada unos años antes, Rosario empieza a ganarse la vida como copista del Museo del Prado, de la Academia de San Fernando y de algunos particulares. Se trataba de un oficio bien considerado y con el que comenzó a obtener fama.

Además, en 1837 se fundó el Ateneo Artístico y Literario de Madrid (situado en el palacio de Villahermosa −hoy Museo Thyssen− referente del romanticismo y lugar de encuentro de intelectuales y mecenas), espacio en el que empezó a participar en exposiciones y sesiones de competencia (una actividad en la que se ejecutaban en directo retratos y apuntes al natural) que le dieron la oportunidad de entrar en contacto con personajes como Zorrilla, Larra o Espronceda.

En 1840 es admitida como académica de mérito de la Academia de San Fernando, lo que le proporcionó una significativa reputación profesional y personal. Ciertamente disfrutó de prestigio, sin que le faltara ni el trabajo ni los premios. Además, cuando los liberales ascendieron al poder en 1941 con el general Espartero como regente y Argüelles como tutor de la todavía niña Isabel II y de la hermana de esta, la infanta Luisa Fernanda, Rosario Weiss ocupó el puesto de maestra de dibujo de las pequeñas, dándose la coincidencia de que la viuda de Espoz y Mina también era instructora de las chiquillas regias.

Por desgracia, en el 1843 contrajo el cólera y murió con tan solo veintinueve años. A pesar de la popularidad que alcanzó, su amigo Rascón y Navarro (político de ideología liberal y masón) se lamentó de que no se le dedicara ni un obituario, lo cual él mismo compensó con una necrológica de tres páginas en las que exaltaba la cualidades humanas y artísticas de la pintora Rosario Weiss, de las cuales dice que podrían haber sido más extraordinarias y más valoradas de no haber nacido mujer.