24/10/2020 / 13:42
Antonio Yagüe


Imagenes

A codazos

En mis tiempos de adolescente lo de codearse no se llevaba ni excepcionalmente en el Señorío.


Darse el codo en lugar de la mano resulta bastante cómico, aunque se ha generalizado. Lo hacen en cualquier acto oficial o de puro postureo personajes de nivelazo, como Page, Ayuso, Sánchez, Merkel o el mismísimo Felipe VI. Además, según sanitarios más avezados que Simón, es peligroso porque por muy largos que tengamos los brazos, las cabezas se acercan peligrosamente y podemos contagiar al prójimo.

En mis tiempos de adolescente lo de codearse no se llevaba ni excepcionalmente en el Señorío. También había clases y la pobreza era tan abundante que asomaba por los agujeros en los codos de camisas y jerséis. Cuesta imaginar el cierre de un trato antes del alboroque con un codazo en lugar de un apretón de manos, en las despedidas tras un duelo o en las antiguas peticiones de mano con otro a modo de coz. Este tipo de saludo puede ser visto como de mala educación, como si le estuvieras soltando al otro un “¡jódete!” como una casa. 

Los gerifaltes abundan en culpar comportamientos irresponsables de algunos adolescentes y jóvenes. Pero es inimaginable que puede prosperar una relación afectivo-sexual partiendo de un tocamiento o choque de codos. Tiene que ser muy difícil ligar en tiempos de coronavirus. Ellas se alegran de no tener que maquillarse ni conjuntar el color de los labios, y de que la mascarilla las hace más jóvenes. Ellos lamentan hablar a voces con las que les gustan porque con la protección delante de los labios no se les entiende nada. Ni siquiera se pueden tirar besos ni poner morritos en las fotos. Hasta la simple amistad es difícil sin besos, sin abrazos, sin compartir platos o cervezas.

Muestra la historia que prohibir algo es despertar el deseo. Parece que las autoridades, entradas en años, lo han olvidado. Las rondas de soluciones hidroalcohólicas entre ellos y las mascarillas pijas pueden dar algo de juego. El virus ha complicado el amorío a chavales y no tanto. Puestos a protegernos, quizá juntar las manos e inclinar la cabeza estilo búdico sea más higiénico y estético. O pasar. Los codazos, para los políticos.


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