A fecha de hoy... manda solbes
01/10/2010 - 09:45
Federico Abascal
Yseguirá mandando Pedro Solbes en la economía española hasta que se hayan solucionado los efectos negativos de la desaceleración económica. Pero esa extraña, reiterada y ¿absurda? sugerencia de que esta legislatura se va a dividir en dos etapas, la primera para gestionar los problemas económicos y la segunda para las florituras políticas de Zapatero, indicaría que Solbes habría garantizado su permanencia en la vicepresidencia segunda hasta que la crisis, una vez superada, abriese nuevamente una fase de crecimiento.
El Fondo Monetario Internacional ha sido muy pesimista con la evolución de nuestro economía a corto plazo, pero acaba de anunciar desde Washington, y en presencia de Solbes, que España será uno de los países que menos tarden en salir de la crisis. La salida de la crisis coincidiría con la salida de Solbes del Gobierno y, lógicamente, con la ascensión de Miguel Sebastián al timón económico. El nombramiento de Sebastián, por quien Zapatero siente afecto y , sobre todo, confianza en la lucidez de sus exposiciones, como ministro de industria y Energía energía, donde en la pasada legislatura se produjeron los primeros chispazos entre Solbes y el consejero económico de La Moncloa- tiende obviamente a preparar con tiempo y calma (la calma parece negociada y acordada) el relevo en la vicepresidencia económica.
Solbes se ha encargado desde Washington, donde asistía a la reunión del FMI y del Banco mundial, de reafirmar su autoridad sobre el ministerio del que Sebastián se hizo ayer cargo, y hasta habría sentido como un cierto desahogo de que sea otra persona la encargada de ocuparse de los asuntos energéticos, suficientemente complejos y últimamente enrarecidos. Pero además de los problemas creados por las fuentes energéticas, del crudo especialmente, y del gas en menor medida, al ministerio de Sebastián lo corresponde los enrevesados de las opas, de las que nuestro sector eléctrico no se ve libre, incluso después del final ligeramente troceado de Endesa. Y ahí no manda tanto Solbes como La Moncloa, y así se ha visto en los avatares por lo que discurrieron las opas sobre Endesa, en torno a la cual también se dividieron las fuerzas políticas, el PP contra el sueño de la lechera de la catalana Gas Natural, que pretendía zamparse a Endesa, y Zapatero, contrariando a los populares y alentando maniobras más de su gusto.
Zapatero parece sentirse a gusto en este inicio de legislatura con un Gobierno cuyos cambios, sobre todo el una señora embarazada en el ministerio de Defensa y pasando revista a la tropa, refleja el salto increíble dado por España en treinta y tres años, desde la mojigatería del formalismo franquista a esa política de igualdad que nos va a igualar a todos, y a ver quien nos diferencia.
Solbes se ha encargado desde Washington, donde asistía a la reunión del FMI y del Banco mundial, de reafirmar su autoridad sobre el ministerio del que Sebastián se hizo ayer cargo, y hasta habría sentido como un cierto desahogo de que sea otra persona la encargada de ocuparse de los asuntos energéticos, suficientemente complejos y últimamente enrarecidos. Pero además de los problemas creados por las fuentes energéticas, del crudo especialmente, y del gas en menor medida, al ministerio de Sebastián lo corresponde los enrevesados de las opas, de las que nuestro sector eléctrico no se ve libre, incluso después del final ligeramente troceado de Endesa. Y ahí no manda tanto Solbes como La Moncloa, y así se ha visto en los avatares por lo que discurrieron las opas sobre Endesa, en torno a la cual también se dividieron las fuerzas políticas, el PP contra el sueño de la lechera de la catalana Gas Natural, que pretendía zamparse a Endesa, y Zapatero, contrariando a los populares y alentando maniobras más de su gusto.
Zapatero parece sentirse a gusto en este inicio de legislatura con un Gobierno cuyos cambios, sobre todo el una señora embarazada en el ministerio de Defensa y pasando revista a la tropa, refleja el salto increíble dado por España en treinta y tres años, desde la mojigatería del formalismo franquista a esa política de igualdad que nos va a igualar a todos, y a ver quien nos diferencia.