Abuelito dime tú...

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

EL COMENTARIO
Jesús Blanco
Pasado mañana, sábado, es San Joaquín y Santa Ana, es la jornada que utilizamos en la tradición cristiana para conmemorar el día de los abuelos.
Para situar bien esta celebración hay que recordar que San Joaquín y Santa Ana fueron los abuelos de Jesús, los padres de la Virgen María. Ninguno de los cuatro evangelistas del Nuevo Testamento menciona a los padres de la Virgen, pero sí aparecen en los testamentos apócrifos y así lo ha asimilado la tradición del cristianismo. Pero no voy a darles un sermón dominical porque para eso están los especialistas, los sacerdotes. Me dispongo a señalar la aportación que nuestros abuelos, nuestros mayores, realizan en esta sociedad cada vez más carente de valores auténticos.

Ahora que tanto se habla de crisis, de tiempos difíciles, olvidamos demasiado pronto que ellos, los abuelitos que pasean por el parque con su bastón, sí que han tenido que superar tiempos verdaderamente complicados. Han sufrido una guerra, han pasado penurias en la posguerra, han salido del pozo de un país hundido, destrozado, enfrentado y con la dificultad añadida de la dictadura. A ellos no les han dado nada hecho. Cada mendrugo de pan que se llevaban a la boca era ganado con sudor y con desmedido esfuerzo. Cualquier enfermedad que hoy se cura en una semana tomando antibióticos, podía causarles la muerte. Eran capaces de vivir sin Internet, sin televisión, sin coche, muchos ni siquiera tenían sanitarios y se apañaban en un corral. Había un teléfono público para todo el pueblo y no tres móviles por vivienda. Aún así ellos sabían ser felices. Ahora somos nosotros los que nos lamentamos.

Mientras la Administración busca ideas o aprueba planes que nos ayuden a conciliar la vida laboral y familiar nos olvidamos que la primera y fundamental ayuda la encontramos en los abuelos. Basta darse una vuelta por algún parque para comprobar cuántos abuelos están ahora mismo cuidando de los nietos mientras trabajan los padres, y a cambio de nada. En su mirada de ojos ya cansados, vidriosos, se percibe una mezcla de cariño y melancolía mientras ven corretear a sus nietos. Decimos que cuando nos volvemos mayores nos comportamos como niños. Tal vez por eso se entienden tan bien los abuelos y los nietos.

Cuántas horas de desvelo para cuidarnos cuando enfermábamos, cuánto sacrificio para darnos lo mejor, cuántos buenos consejos cuando pasábamos por la compleja etapa de la adolescencia, cuánto apoyo, cuánto amor.

Me gustaría terminar con una reflexión que cada uno de nosotros debemos hacer. Pensemos en todo lo que nuestros mayores nos han dado y después valoremos lo que reciben de nosotros. Aunque ya no estéis aquí, mil gracias. Os quiero abuelos.