Actividades de pueblos

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

El comentario
NURIA FERNÁNDEZ - Periodista
En medio del sopor veraniego y mientras todos los mortales intentamos sortear como podemos el tema de la crisis, hay unos colectivos, repartidos por toda la geografía provincial que en estos días se dejan la piel para conseguir el más difícil todavía: que con poco dinero, mucho esfuerzo y enormes ganas, todos los vecinos de un pueblo disfruten aún más de sus vacaciones.
Son las asociaciones culturales de los pueblos, grupos de amigos y de vecinos que con la única excusa de pasarlo bien y hacerlo pasar bien a los demás, organizan, año tras año, un apretado programa de actividades de lo más variopinto: desde concursos de dibujo para los pequeños hasta entrañables carreras de sacos pasando por todo tipo de campeonatos deportivos. Lo de menos es el premio, lo que importa es compartir un buen rato (y sacar pecho si te ha ido bien), con los amigos de siempre. Aunque hay una asociación cultural que tiene más de motivos que las demás para sacar pecho pero sin embargo no lo hace. Es la asociación cultural de Huetos, una pequeña pedanía de Cifuentes, bastante abandonada por cierto en materia de carreteras por el PENGUA, que año tras año, sin alardear, pero con firmeza, da unas muestras de solidaridad difíciles de superar. Desde el pasado sábado y hasta el martes, Huetos celebra una edición más, y van trece, de su rastrillo solidario. Una simple habitación se convierte en el punto de reunión. Allí se mezclan cuadros de Carlos Santiesteban y grabados de Ramiro Undabeitia, con tallas en ébano elaboradas por los artesanos africanos o mantelerías de los vecinos del pueblo. Hay de todo, hasta pequeñas cáscaras de nuez decoradas y convertidas en improvisados barquitos. Todo vale, lo importante es ayudar. Y desde luego que ayuda. Sólo el sábado consiguieron recaudar 12.000 euros y seguramente llegaran hasta los 20.000, como en la pasada edición. Una asociación que como la mayoría de los pueblos de Guadalajara, dispone de muy poco dinero pero que mueve muchas voluntades. Además de sus 600 socios, cuentan con el apoyo de Caja Guadalajara y con el respaldo de muchas personas que donan gratuitamente cualquier cosa de valor para que otros las disfruten. Así llevan trece años, un tiempo en el que han conseguido instalar cientos de sonrisas en la región de Karangasso en Malí. Con su dinero han contribuido a poner en marcha una escuela infantil, a pagar a las maestras, a hacer un dispensario...Ahora sueñan con levantar un centro de formación profesional para que los jóvenes aprendan un oficio. Y lo viven con naturalidad. Es la una actividad más de las asociación cultural, grupos repartidos por toda la provincia, que se han convertido en los verdaderos motores de los pequeños pueblos.