¿Adiós al botellón?
01/10/2010 - 09:45
Editorial
Desde hace meses se viene dando vueltas a la Ordenanza de Convivencia de Guadalajara. Ayer el esperado texto se presentaba en sociedad de manos del Equipo de Gobierno que ha fijado su entrada en vigor para el próximo verano.
Aunque el borrador ya está listo todavía queda que antes de su aprobación se debata en comisiones y Consejos de Barrio para después poder empezar a aplicarse. Y su futura aplicación es lo que puede haber defraudado a algunos que esperaban más dureza en las medidas, especialmente, en las enfocadas a evitar el botellón. De hecho, la ordenanza está concebida con un espíritu disuasorio para evitar conductas que pueden perjudicar a la convivencia ciudadana. Persigue mejorar la calidad de vida de los vecinos y proteger el espacio público como un lugar de convivencia y civismo, en el que todas las personas puedan desarrollar en libertad sus actividades de libre circulación, de ocio, de encuentro y de recreo, con pleno respeto a la dignidad, a los derechos de los demás y la pluralidad de expresiones y formas de vida existentes en Guadalajara. Uno se pregunta ¿cómo se puede conseguir tanto con tan poco? Porque la ordenanza prohibe el botellón, más concretamente el consumo de bebidas, preferentemente alcohólicas en la calle o espacios públicos pero sólo lo hace cuando se puedan causar molestias a las personas que utilizan el espacio público o a los vecinos. Ésto podría implicar cierta subjetividad a la hora de aplicar la norma.
Sin embargo, detalles al margen, y ante el incremento de la práctica, resulta reconfortante saber que el Ayuntamiento capitalino cuenta con una ordenanza en que la regule aunque lo que tampoco se han puesto en claro son cuáles serán las sanciones. También hay que aclarar que la norma va más allá del botellón y, por tanto, hay que reconocer que se convierte en un paso adelante, aunque no aparenta ser el adiós al botellón.
Sin embargo, detalles al margen, y ante el incremento de la práctica, resulta reconfortante saber que el Ayuntamiento capitalino cuenta con una ordenanza en que la regule aunque lo que tampoco se han puesto en claro son cuáles serán las sanciones. También hay que aclarar que la norma va más allá del botellón y, por tanto, hay que reconocer que se convierte en un paso adelante, aunque no aparenta ser el adiós al botellón.