Afecto
01/10/2010 - 09:45
ARTÍCULOS
Javier Urra
Decir Te quiero, de forma sentida y sin una causa específica es una manera de que el vínculo se mantenga, de que las relaciones paterno-filiales sean cada día más cálidas, agradables, deseadas.
Pequeños detalles, una llamada telefónica, una nota escrita y pegada con un imán para sorprender gratamente, un beso de chocolate, el roce aterciopelado de una rosa, desear querer y mostrarlo. Hay quien no sabe verbalizar el cariño que siente, puede escribir una carta llena de amor, de vivencias, de deseos y entregarla, posiblemente se guardará para toda la vida. En mi caso tengo algunas cartas de mis hijos guardadas entre las hojas de mis libros, un día por azar, me las encontraré y lloraré de emoción, de alegría, mientras tanto se que están y son un bálsamo de ternura.
Una caricia es practicar la escucha activa, prestar atención de una forma intencionada, dando muestras de comprensión y empatía. Otra caricia viene de la mano de plantearse proyectos compartidos padres-hijos para el futuro inmediato, a medio y a largo plazo.
Caricias que también pueden dar los hijos, sí, tenemos que enseñar a expresar los sentimientos, la gratitud, empezando por nosotros mismos.
Todos, absolutamente todos sabemos que en la vida es esencial que alguien te quiera incondicionalmente, tal y como se es. Ese alguien puede ser un familiar o un amigo. Y es que Maslow nos confirmó que es imposible la salud psicológica a no ser que lo fundamental de la persona sea aceptado, amado y respetado por otros y por ella misma.
Equilibrio esencial
Nos apoyamos en la familia, pero precisamos el oxígeno del amigo. Lo genial en ambos casos es que a pesar de conocerte te sigan queriendo.
Preguntados los padres en relación a los sentimientos respecto a sus hijos expresan mayoritariamente cariño. Los hijos hablan de afecto y ocasionalmente de respeto, diferenciando y adjudicando el componente afectivo como proveniente de la madre e instrumental el del padre (por ejemplo conversaciones sobre el futuro laboral).
Sentimientos que surgen en el día a día, en los detalles, igual que acontece con los niños enfermos, los sanos a veces buscan proteger, tutelar a los padres o simplemente hacerles más fácil su labor.
Considero que los padres influyen más de lo que ellos creen. Muchos chicos me han dicho mi madre me da la paliza, me ralla, haz esto no hagas lo otro, pero lleva razón. En la Fiscalía de Menores muchos jóvenes me aseveran: Creo que no les importo a mis padres, haga lo que haga no me dicen nada.
Verbalizaciones, sentimientos, sensaciones y conductas son categorías que se interrelacionan, pero que no debemos confundir.
Apliquémonos en la aseveración de Erich Fromm, que nos reprende.- Sólo en contadas ocasiones nuestra cultura trata de aprender el arte de amar, dedicamos casi todas nuestras energías a otras cosas y muy pocas a aprender el arte de amar.
Una educación sentimental debería de orientarse a saber lo que se siente y poder verbalizarlo, a conocer el proceso de nuestros sentimientos, a controlar nuestros impulsos, a diferenciar entre lo que se percibe, lo que se siente y lo que realmente acontece.
A los hijos, hay que preguntarles más por lo que sienten que por lo que hacen. Porque sean mayores, no hemos de escatimar besos, caricias, abrazos, mostrarles nuestro amor. Hay que dejarles llorar, desahogarse. Para ello es necesario propiciar un hogar tranquilo, agradable, sin gritos.
Caricias, no siempre fáciles, a veces porque el hijo atraviesa una etapa complicada, gran oportunidad para aprender y regalar lo que es el amor incondicional. Caricias esquivas pero ciertas con un hijo autista. Caricia de recepción, consideraciones y ternura tras la sorpresa de una hija que llega embarazada. Caricia comprometida de padre o madre separado, más allá de una equívoca relación de amistad con el hijo.La hormona del crecimiento vital es el afecto.
Una caricia es practicar la escucha activa, prestar atención de una forma intencionada, dando muestras de comprensión y empatía. Otra caricia viene de la mano de plantearse proyectos compartidos padres-hijos para el futuro inmediato, a medio y a largo plazo.
Caricias que también pueden dar los hijos, sí, tenemos que enseñar a expresar los sentimientos, la gratitud, empezando por nosotros mismos.
Todos, absolutamente todos sabemos que en la vida es esencial que alguien te quiera incondicionalmente, tal y como se es. Ese alguien puede ser un familiar o un amigo. Y es que Maslow nos confirmó que es imposible la salud psicológica a no ser que lo fundamental de la persona sea aceptado, amado y respetado por otros y por ella misma.
Equilibrio esencial
Nos apoyamos en la familia, pero precisamos el oxígeno del amigo. Lo genial en ambos casos es que a pesar de conocerte te sigan queriendo.
Preguntados los padres en relación a los sentimientos respecto a sus hijos expresan mayoritariamente cariño. Los hijos hablan de afecto y ocasionalmente de respeto, diferenciando y adjudicando el componente afectivo como proveniente de la madre e instrumental el del padre (por ejemplo conversaciones sobre el futuro laboral).
Sentimientos que surgen en el día a día, en los detalles, igual que acontece con los niños enfermos, los sanos a veces buscan proteger, tutelar a los padres o simplemente hacerles más fácil su labor.
Considero que los padres influyen más de lo que ellos creen. Muchos chicos me han dicho mi madre me da la paliza, me ralla, haz esto no hagas lo otro, pero lleva razón. En la Fiscalía de Menores muchos jóvenes me aseveran: Creo que no les importo a mis padres, haga lo que haga no me dicen nada.
Verbalizaciones, sentimientos, sensaciones y conductas son categorías que se interrelacionan, pero que no debemos confundir.
Apliquémonos en la aseveración de Erich Fromm, que nos reprende.- Sólo en contadas ocasiones nuestra cultura trata de aprender el arte de amar, dedicamos casi todas nuestras energías a otras cosas y muy pocas a aprender el arte de amar.
Una educación sentimental debería de orientarse a saber lo que se siente y poder verbalizarlo, a conocer el proceso de nuestros sentimientos, a controlar nuestros impulsos, a diferenciar entre lo que se percibe, lo que se siente y lo que realmente acontece.
A los hijos, hay que preguntarles más por lo que sienten que por lo que hacen. Porque sean mayores, no hemos de escatimar besos, caricias, abrazos, mostrarles nuestro amor. Hay que dejarles llorar, desahogarse. Para ello es necesario propiciar un hogar tranquilo, agradable, sin gritos.
Caricias, no siempre fáciles, a veces porque el hijo atraviesa una etapa complicada, gran oportunidad para aprender y regalar lo que es el amor incondicional. Caricias esquivas pero ciertas con un hijo autista. Caricia de recepción, consideraciones y ternura tras la sorpresa de una hija que llega embarazada. Caricia comprometida de padre o madre separado, más allá de una equívoca relación de amistad con el hijo.La hormona del crecimiento vital es el afecto.