‘Agradacidos’
Uno de los placeres que tengo en la vida es poder comer los domingos con mis padres. Ese rato de calma y paz donde los pucheros y fogones suelen traer consigo reflexiones y consejos. Mi madre, con criterio de quien protege a sus cachorros, me dice que no me meta en jaleos cuando escribo en estas páginas si aporto mi punto de vista personal, y más si se trata de temas polémicos. Ya me ha dicho que el domingo hay paella y como quiero sentarme a la mesa con la conciencia tranquila, este quizá no sea el artículo que me gustaría escribir, pero si tengo claro que es el que debo redactar. No por consecuencias o críticas, sino porque las digestiones son necesarias para asimilar lo que tragamos. Da igual si se trata de la vida o del arroz, el reposo es parte fundamental de cualquier guiso o empresa.
Reconozco que el fútbol no mueve mis entrañas, que mi pasión es el baloncesto y que si me preguntan qué es un bloque bajo (la defensa de nuestro equipo el pasado martes) te diré que es un piso de dos plantas. Pero sí me apasiona la economía, el derecho, la gestión y tratar de sumar y empatizar con el entorno donde vivimos. Y uno de esos actores necesarios para entender la ciudad es, sin duda, el Club Deportivo Guadalajara SAD. Viví mi primera madurez viendo de reojo los ascensos en el Pepe Gonçalves y en Anduva, me dolió el descenso administrativo desde la Liga Adelante y sentí con pesar lejano el peso del pozo autonómico del grupo XVIII. No se me escapó la pléyade de personajes de Gran Hermano que han pasado por el campo del Henares ni que en abril de 2019 estuvimos a dos partidos de tropezar hasta preferente. Pandemia y concurso de acreedores mediante, me presentaron a un argentino llamado Néstor que había puesto pasta en este club desahuciado porque su hijo estaba jugando ahí. Corría el verano de 2021, abracé el compromiso profesional de sumar por este proyecto y ya sabía de los malabares que estaba haciendo Carlos Ávila para que esto saliera adelante. Cuando vi la documentación, aparte de echarme a temblar, valoré que las personas involucradas estaban sacrificando un poco de ellos mismos para que una ciudad volviera a sonreír y reconciliarse con su afición. Para muchos, el Dépor es de las cosas más importantes de su vida y la catarsis en el Bar Castilla, las Paletas, Julián Besteiro y con la Zorra, es lo que les ayuda a seguir viviendo. Una pasión, una religión local, algo por lo que vale la pena reír y llorar. La droga del fútbol.
Y a base de trabajo y mucho esfuerzo de gente anónima en todas las parcelas, se consiguió volver a salir de la 3ª RFEF (y del concurso de acreedores) en Tarancón y, tras perderle el miedo a la 2ª RFEF, se completó un año mágico hace escasos meses para llegar a las puertas del fútbol profesional. El fútbol ha cambiado mucho en década y media, y lo que antes era casi artesanal, ahora son grandes corporaciones y fondos de inversión. Odio eterno al fútbol moderno. Y cuando al final del día todo son cifras y métricas, llegan unos soldados de la Alcarria, te ganan dos rondas de Copa del Rey y la magia de una Navidad anticipada llena de ilusión a una ciudad que ha sufrido mucho con el deporte rey. Del Torpedo 66 de Cebolla o del Huracán de Balazote, a recibir al Fútbol Club Barcelona (el de verdad, el de la tele, el del PC Fútbol) en nuestro querido (y vetusto) Pedro Escartín. Tras más de 75 años de historia, el Club Deportivo Guadalajara recibe a un gigante del fútbol mundial, con solo seis días de margen, para acoger el acontecimiento más importante de la historia de la entidad. No es que estemos en el mapa, es que vamos a ser, durante un martes en los albores del invierno, el epicentro del planeta fútbol.
Por ponerlo en contexto, mientras a nuestro Dépor le cuesta facturar el millón de euros el Barça proyecta los mil millones. En organización y recursos es como comparar la nada contra el infinito. Absurdo. Pero lo que es incomparable es la ilusión de toda esa afición morada que desde el primer día quiso estar presente, comprando su entrada, abonándose, poniéndose la bufanda o haciendo planes para uno de los mejores días de su vida. El carnet de alcarreño se picaba en el Escartín a las 21.00 y había muchos más interesados en verlo que plazas disponibles. Había que estar a la altura para el evento y por eso, se quiso hacer el esfuerzo titánico de conseguir que más personas pudieran ser parte de la historia. Esos aficionados que llevan lustros pasando frío en el Balconcillo se merecían el mejor espectáculo del mundo. Ablanque contra Yamal. Salifo contra Cubarsí. Los hijos de los que vieron a Anton Polster o al Nottingham Forest contra el Pentacampeón de Europa y mes que un club. Vértigo y biodramina. Plato y medio de ilusión, por favor.
Lo reconozco. El martes fue un día de mierda (qué bien lo expresó Sidonie). Saber y sentir que miles de personas estaban esperando horas, haciendo cola y con frío, para que las puertas abrieran, mientras Carlos y el Ayuntamiento se dejaban la salud, la paciencia y las pestañas para que dos millares de alcarreños vieran su Pedro Escartín vestido de lujo, fue una sensación horrible. Hemos dado todo lo que estaba en nuestras manos y no ha sido suficiente. No hemos estado a la altura de lo que pedía este acontecimiento histórico y el nombre de nuestra ciudad se ha visto salpicado por algo que nunca debería haber ocurrido. Reconfortantes fueron las palabras del presidente Laporta: “Tranquilo, todos tenemos problemas con el estadio”, mientras esperábamos que llegara un último papel y requisito para que el espectáculo estuviera solo en el césped. La voluntad y responsabilidad de todos (sin excepción) fue determinante para que un problema mayúsculo se quedara en una anécdota seria. El ayuntamiento fue diligente a la hora de salvaguardar la seguridad, las fuerzas del orden público hicieron un trabajo impecable y la afición se ganó el mayor de los reconocimientos. En el campo, los chicos de Pere Martí se dejaron el alma y secaron durante hora y cuarto al semifinalista de la última Champions League jugando con casi todos los titulares. Honra y crédito a los chicos para que puedan mantener la categoría en primavera y seguir afrontando nuevas cotas. El FC Barcelona engalanó un precioso estadio de fútbol y las retinas guardarán el partido y ese segundo anfiteatro con orgullo.
Que haya un reconocimiento a la labor colectiva y un expreso acto de contrición no significa que cada parte no tenga que asumir sus propios errores de manera humilde, sincera y proactiva. El éxito tiene muchos padres y el fracaso es solitario. Todo el mundo se sube al barco ganador y ni las ratas quedan en la derrota. Los palcos no solo deben llenarse y los canapés agotarse los días de fiesta, ni es lícito que una SAD se envuelva en la bandera de la ciudad cuando vienen mal dadas. Esto no es un evento privado y tampoco lo público puede quedarse inmóvil. Todos somos ciudadanos a los que, circunstancialmente, nos toca tomar decisiones y trabajar en favor de nuestros vecinos. Nunca ha quedado más claro que la imagen de ciudad y la ilusión de la afición deben estar por encima de cualquier teléfono en silencio o cualquier centímetro de ego. No son treinta minutos de vergüenza, es una llamada a la reflexión para que cada cual asuma, mirándose al espejo y a su conciencia, si ha dado todo lo posible para que algo único en la vida haya terminado siendo una nube de frustración colectiva tan solo lustrada por el esfuerzo de nuestros chicos, que siguen necesitando aplauso, apoyo, garganta, bufanda y bocadillo este domingo a las 16.00 contra el Zamora. El Escartín, de nuevo con su aforo habitual, quiere tres puntos de rutina.
Mientras mi madre siga cocinando las fiestas de guardar, no tengo más reflexión (profundamente sincera) que dar las gracias a la afición, instituciones y reconocer el trabajo de don Carlos Ávila Linares. Los pocos momentos que tuve el honor de presidir el palco hasta su llegada fueron bálsamo de la realidad y una motivación para ver el futuro con relativo optimismo, ya que repetir esto es complicado y siempre poniendo las luces largas. Ver a Pedri tocando el balón en el minuto 75 me recordó a Andrés Iniesta y ese momento donde a todos los españoles se nos bordó la estrella en el pecho, porque una hora antes me vino a la cabeza el otro Iniesta (Extremoduro) gritándonos al oído, en nombre de la afición y de la ciudad, que todos los implicados en este sainete deberíamos tomar nota de su disco de 1997 e irnos a tomar por culo. Gracias. Lo siento. Te quiero. Gracias por los recuerdos. Siento las molestias. Cuidemos lo que tenemos y lo que nos hace únicos. Nobles y Fieros. Nobles entre nosotros y fieros con el rival. Respeto. Trabajo. Fuerza José Pablo. DÉPOR.