04/07/2020 / 12:00
Manuel Ángel Puga


Imagenes

Algunas sorpresas del coronavirus

El coronavirus nos ha sorprendido a todos por su gran resistencia, agresividad y fácil contagio. Pero de un modo especial tuvo que sorprender a quienes se consideraban todopoderosos.


 El coronavirus procedente de China nos está dando grandes sorpresas, nos está haciendo ver que estábamos equivocados en muchas cosas. Y probablemente lo seguirá haciendo durante bastante tiempo. Así, por el coronavirus hemos podido comprobar que quienes parecían fuertes y robustos como robles no lo eran tanto, ya que no pudieron resistir su ataque mortal; por el contrario, personas físicamente débiles y con bastantes años han superado la prueba, dando la gran sorpresa a propios y extraños. La presencia física, pues, resultó ser engañosa.

Por su parte, el caso de los niños es sorprendente. Todos creíamos que debido a su constitución, mucho más débil que la de un adulto, serían víctimas fáciles para el coronavirus; sin embargo, la realidad nos hizo ver que no era así. Los niños, salvo algunas excepciones, parecen estar inmunizados contra esta pandemia. Los que fueron contagiados, tras unas ligeras molestias, superan la enfermedad. ¿Quién sabe el porqué?... ¡Sorpresa!

Otras sorpresas nos vinieron de la mano de parientes y amigos. En efecto, parientes y amigos que teníamos en gran estima nos han sorprendido con su silencio e indiferencia. Algunos de ellos ni una llamada telefónica, ni un mensaje durante el largo confinamiento. Por el contrario, otros de los que poco o nada esperábamos se mostraron interesados por nuestro estado de salud, y nos llamaron más de una vez. Hemos tenido, pues, sorpresas agradables y desagradables de las que hemos aprendido para el futuro.

Gran sorpresa fue también la que nos proporcionó nuestra Sanidad. Nos habían dicho que nuestro sistema sanitario era uno de los mejores del mundo, pero no era cierto… Lo que sí fue cierto es que nuestros médicos, enfermeras, enfermeros, auxiliares, etc. tuvieron un comportamiento excepcional, al entregarse con una profesionalidad y abnegación difíciles de olvidar. Muchos de ellos incluso entregaron su propia vida ante una lamentable y vergonzosa falta de medios materiales (mascarillas, guantes, test fiables, respiradores, etc.)… Es de esperar que algún día todo este personal sanitario, que tan valientemente luchó (y sigue luchando) contra la pandemia, reciba los homenajes y gratificaciones que en justicia se merecen.

El coronavirus nos ha sorprendido a todos por su gran resistencia, agresividad y fácil contagio. Pero de un modo especial tuvo que sorprender a quienes se consideraban todopoderosos y se sentían pletóricos de fuerza, porque les hizo reconocer su impotencia, su ineptitud y su debilidad… En efecto, el coronavirus, un simple e insignificante ser microscópico, sorprendió a los engreídos de sí mismos, a los orgullosos, y les regaló una lección de humildad que jamás deberían olvidar.

Ahora que el calor aprieta, y hay localidades en España que ya alcanzaron los 40º de temperatura, estarán muy sorprendidos esos “expertos” que aseguraban durante los meses de febrero y marzo que el coronavirus no sobreviviría cuando hubiera temperaturas superiores a los 25º… ¡Qué ignorancia! ¡Qué osadía! La realidad es que los contagios siguen y las muertes también, a pesar de que las temperaturas no sólo han superado los 25º, sino que incluso llegan a los 40º… Es de suponer que tales “expertos” estarán muy sorprendidos al comprobar la triste realidad. Pero de lo que también deberían estar sorprendidos es de su enorme incompetencia, al emitir juicios erróneos sobre algo en lo que se declaran “expertos”.

Pese a las anteriores sorpresas, la peor de todas aún podría estar por llegar. La peor sería que el próximo otoño hubiera un rebrote del coronavirus coincidiendo con un pico de la gripe. Tal coincidencia (que Dios no permita) sería la peor de las sorpresas que nos pueda dar el coronavirus, porque tendría fatales consecuencias… Claro está que en buena parte depende de nosotros lo que ocurra. Efectivamente, cuando hay personas (particularmente, jóvenes) que no son conscientes del gran peligro que entraña esta pandemia, se está facilitando su propagación y el que haya más muertes. Por el contrario, cuando se impone la responsabilidad de cada uno, se podrá evitar que el coronavirus nos sorprenda con más contagios y con más muertes. En este difícil momento nuestro comportamiento cívico resulta decisivo, porque de él dependerá la vida de miles y miles de personas.


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