Animales
01/10/2010 - 09:45
EL COMENTARIO
Jesús Blanco
Son días de fiestas en nuestros pueblos y el noventa por ciento de ellos se fijan en la figura del toro como protagonista de la diversión. No hay fiesta sin toros y sin música.
A partir de ahí podemos añadir al programa todo lo que queramos, pregón, carrozas o deportes. Pero el sentir general está de acuerdo en que sin toros y sin música, no hay buenas fiestas.
En cuanto a la música que se ofrece en nuestros pueblos hay para todos los gustos y al final la gente se comporta con normalidad. Atrás han quedado ya esos años en los que los malos músicos iban a pilón. Hoy ya la cosa es mucho más seria. Podrán gustar o no, pero nos conformamos.
Sin embargo el tema de los toros es otra cosa. Parecía que también habíamos evolucionado hacia un mínimo respeto a los animales tras la polémica que se suscitó hace unos años y que dio origen a una nueva normativa para regular los festejos taurinos y en especial los encierros por el campo. Sin embargo la realidad nos demuestra que no es así. En los primeros años se vigiló el cumplimiento de la norma y aunque llegaba alguna sanción, cada vez eran menos. Pero la ley parece haberse olvidado de nuevo y la administración encargada de velar por su cumplimiento da la impresión de que se ha ido de vacaciones y no quiere saber nada de las salvajadas que otra vez estamos viendo en muchos encierros Hace unos días me acerqué a uno de ellos y pude comprobar como cientos de coches destartalados, motos, quads, tractores y furgonetas perseguían a un animal exhausto. Si no fuera por los rastrojos, aquello me hubiese parecido la Gran Vía en hora punta. Pero ¿no estaba prohibida la participación de vehículos en los encierros, salvo los imprescindibles para la organización? ¿En qué consiste el encierro. En acorralar a un toro y acosarlo con la furgoneta? Me pregunto quién se comporta realmente como un animal, si el toro aturdido que trata él solo de defenderse de cientos de máquinas o los conductores de esas máquinas que no paran de acosarle.
Lo más justo hubiera sido parar aquel lamentable espectáculo desde el principio, pero entiendo que ante tanto animal suelto y desenfrenado se hubiesen necesitado 3 compañías de antidisturbios. Ya lo único que se puede hacer es tomar medidas para que al año que viene esos pueblos no vuelvan a repetir la salvajada. La Junta de Comunidades tiene la responsabilidad, primero de sancionar como medida coercitiva y ejemplarizante y segundo de advertir por escrito, con anuncios o como sea, en el inicio de la temporada de encierros, del obligado cumplimiento de la ley. El auténtico encierro debe enfrentar al toro y al caballo, dos animales, me parece, bastante más nobles que el hombre. ¡Ojo! no soy antitaurino. Me gustan los toros, no los vándalos.
En cuanto a la música que se ofrece en nuestros pueblos hay para todos los gustos y al final la gente se comporta con normalidad. Atrás han quedado ya esos años en los que los malos músicos iban a pilón. Hoy ya la cosa es mucho más seria. Podrán gustar o no, pero nos conformamos.
Sin embargo el tema de los toros es otra cosa. Parecía que también habíamos evolucionado hacia un mínimo respeto a los animales tras la polémica que se suscitó hace unos años y que dio origen a una nueva normativa para regular los festejos taurinos y en especial los encierros por el campo. Sin embargo la realidad nos demuestra que no es así. En los primeros años se vigiló el cumplimiento de la norma y aunque llegaba alguna sanción, cada vez eran menos. Pero la ley parece haberse olvidado de nuevo y la administración encargada de velar por su cumplimiento da la impresión de que se ha ido de vacaciones y no quiere saber nada de las salvajadas que otra vez estamos viendo en muchos encierros Hace unos días me acerqué a uno de ellos y pude comprobar como cientos de coches destartalados, motos, quads, tractores y furgonetas perseguían a un animal exhausto. Si no fuera por los rastrojos, aquello me hubiese parecido la Gran Vía en hora punta. Pero ¿no estaba prohibida la participación de vehículos en los encierros, salvo los imprescindibles para la organización? ¿En qué consiste el encierro. En acorralar a un toro y acosarlo con la furgoneta? Me pregunto quién se comporta realmente como un animal, si el toro aturdido que trata él solo de defenderse de cientos de máquinas o los conductores de esas máquinas que no paran de acosarle.
Lo más justo hubiera sido parar aquel lamentable espectáculo desde el principio, pero entiendo que ante tanto animal suelto y desenfrenado se hubiesen necesitado 3 compañías de antidisturbios. Ya lo único que se puede hacer es tomar medidas para que al año que viene esos pueblos no vuelvan a repetir la salvajada. La Junta de Comunidades tiene la responsabilidad, primero de sancionar como medida coercitiva y ejemplarizante y segundo de advertir por escrito, con anuncios o como sea, en el inicio de la temporada de encierros, del obligado cumplimiento de la ley. El auténtico encierro debe enfrentar al toro y al caballo, dos animales, me parece, bastante más nobles que el hombre. ¡Ojo! no soy antitaurino. Me gustan los toros, no los vándalos.