Aplaudiendo al sol


Tenemos un ayuntamiento que nos intenta vender un concurso de paellas y un torneo de golf como la panacea del turismo. Y ante un evento de interés internacional, ofrece la nada. La nada absoluta, un descampado. Menos mal que el sol y la luna hicieron su trabajo, ellos sí que cumplieron, fue espectacular.

Pero quienes amamos Guadalajara, además de mirar al sol, el miércoles miramos con envidia a municipios como Soria, Teruel, Burgos... Y no hay que irse tan lejos; envidiamos a Azuqueca, Sigüenza o a pueblos que con menos recursos, como Cifuentes o Alcocer, quisieron programar diferentes actividades en torno al hito astronómico. Es inevitable comparar y está claro que lo que ofreció nuestro ayuntamiento era la peor de las opciones.

Leemos en las programaciones de estas localidades: hinchables, talleres, actividades, conciertos, barras con comida y bebida, foodtruks, rutas... Y aquí: unos autobuses insuficientes que te llevaban a una parcela vacía incluso de personas.

La gente de Guadalajara se fue en su mayoría al pueblo (no hay más que abrir Instagram para ver cómo se vio el eclipse desde los distintos puntos de la provincia), donde probablemente sí tenían algo más: música, actividades... Y Guadalajara se llenó de visitantes, que, pobres, acudieron a ver el eclipse a la parcela pensando que iban a ser agasajados con algo más que un rastrojo recién segado.

Fue extraño. Paseábamos por la loma de la terrera (porque en la parcela habilitada no había nadie) sin apenas saludar a gente. Cosa que para los GTVs es extraña, casi más extraño que el hecho de que una estrella, un satélite y un planeta se alineen. Recorríamos el espacio entre turistas agazapados bajo sus mochilas y los matorrales buscando la sombra. Oíamos hablar en inglés, francés, alemán.

¿Y qué vieron estas personas que, en la mayoría de los casos, no habían visitado Guadalajara antes? Pues un eclipse asombrante (menos mal) rodeado de un entorno descafeinado que no les aportó nada. Se encontraron con multitudes saltando vallas de alambre, rastrojo y cardos que superaban sus cabezas.

Y claro, nada salió mal, porque no hubo nada...

Todo a favor: el eclipse, estar en la mejor franja de observación, la fecha, la hora, la climatología… Y con este ayuntamiento, ni aún así. Y nos llega Guarinos diciendo que “Guadalajara ha reforzado su proyección turística internacional”… pues cuesta creer que viviéramos el eclipse en el mismo lugar. Una pena, una oportunidad perdida de mostrarnos al turismo y de ofrecer lo mucho que tenemos en Guadalajara aprovechando el evento astronómico más espectacular de las últimas décadas.

Acabo este artículo describiéndoos una imagen que ha publicado el ayuntamiento: la alcaldesa aplaudiendo al sol. Eso es, sí, menos mal que presenciar el eclipse fue increíble.

Y nada más, así nos dejaron, aplaudiendo al sol. Porque este ayuntamiento no aprovecha una oportunidad aunque la tenga delante.