08/12/2010 / 00:00
Carlos Carnicero


Assange en el final de la escapada



En realidad, hasta donde se sabe, los documentos filtrados por la organización de Julian Assange no ha significado peligro para personas; únicamente nos han permitido acercarnos a nuestros derechos democráticos de averiguar como opera el poder que hemos delegado con nuestros votos. Saber lo que opina el Departamento de Estado de José Luis Rodríguez Zapatero, del peligro de inestabilidad en el Magreb o de la naturaleza de la corrupción en la corte de Marruecos es un ejercicio de transparencia democrática. Las redes hacen casi imposible que los secretos estén totalmente blindados. La obligación del periodista es entrar donde le está prohibido hacerlo. Y Assange y su página en Internet responde a una nueva forma de periodismo a la que nos tenemos que acostumbrar. En concordancia con los procedimientos que utilizan lo servicios de inteligencia, habría que poner en cuarentena las acusaciones por violación y acoso sexual que han constituido la base de su detención en el Reino Unido por una orden de INTERPOL emitida desde Suecia. Los servidores están negando acogida a las informaciones de WikiLeaks; la financiación se hace casi imposible una vez que VISA y otras organizaciones financieras se niegan a canalizar las donaciones. Es un pulso entre las iniciativas privadas y los poderes políticos y económicos en donde hasta un ministro de Canadá ha insinuado claramente que la mejor solución es que Julian Assage muriera. Hay muchas cosas que descubrir, pero algo ya sabemos: la democracia es hoy más completa con lo que sabemos de los manejos secretos del poder; y eso que sólo conocemos el espionaje de baja intensidad procedente de las relaciones de la diplomacia estadounidense con jueces, funcionarios, y políticos, algunos de los cuales no quedan demasiado bien retratados en los papeles publicados. Ahora se trata de vigilar que el proceso contra Assage no sea un recurso para quitarlo de en medio sin pruebas fehacientes. Ahora entra en juego el espionaje de alta densidad, los servicios de inteligencia. Y esos mecanismos secretos son capaces de cualquier cosa. Lo conocemos por los papeles que son desclasificados cuando han pasado tantos años que el conocimiento sólo sirve para alimentar la historia.

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