Atascos y contaminación acústica, toda una fiesta
01/10/2010 - 09:45
TE CUENTO
La fiesta de los conductores estuvo llena de bonitos momentos. El primero de ellos se vivió en las calles de Guadalajara, cuando 125 vehículos, entre camiones, grúas, furgonetas, reliquias... salieron en procesión a despertar a los menos madrugadores de la capital.
Y lo consiguieron a juzgar por el nivel de decibelios que se alcanzaron en algunos barrios. Quizá éste sea el menos bonito de los recuerdos que dejó ayer la fiesta de los conductores, sobre todo para algunos, los resacosos. Braulio Carlés recordó en la misa posterior a todos y cada uno de los desaparecidos en accidentes de carretera, mientras conducían. La buena noticia este año es que no hubo que lamentar ninguna víctima de la provincia en este sentido. El tercer mejor momento fue sin duda la bendición, por varias razones. Por las caras de alegría de los conductores al ser bendecidos; por los enérgicos saludos de sus hijos, que se esmeraban por que sus padres les vieran entre el público; por la limonada y los bollos que corrieron en cantidad por la plazoleta de la parroquia de San Ginés, calmando el apetito y la sed de los presentes; y porque, por un día, la ciudad se llenó de atascos, sin que ello supusiera motivo de enfado.