BARCELONA Y EL AGUA
01/10/2010 - 09:45
CARTAS AL DIRECTOR
Manuel de las Heras Miedes. - Galápagos
Cansado de actualidad política tras varios largos meses de precampaña electoral y después de un par de semanas devastadoras de campaña, me había olvidado por un tiempo del devenir de la política nacional.
Con un Gobierno que parecía que nunca iba a jurar su cargo y con una oposición popular todavía de vacaciones, me entero de que Barcelona no tiene agua. Puedo leer en la prensa que hay varias propuestas sobre la mesa: traer agua en tren y en barco de no se sabe donde, intentar un trasvase de agua desde el Ródano, previo pago del peaje correspondiente a Francia, o trasvasar agua del río Segre, o desde el mismo Ebro desde su desembocadura en Tarragona.
Entramos de nuevo en la perversión del lenguaje, nadie en el nuevo Ejecutivo se atreve a llamar a las cosas por su nombre: TRASVASE. En Cataluña se están llevando a cabo unas obras para TRASVASAR agua para Barcelona, porque esta ciudad la necesita. Punto. Este TRASVASE, y cualquier otro, desde una cuenca a otra, y de unos territorios hacia otros, debería de entenderse desde la más absoluta normalidad, y regirse únicamente desde el punto de vista de la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente.
El problema del agua en la capital catalana muestra una vez más el doble rasero del Presidente del Gobierno en la resolución de conflictos entre territorios y evidencia de nuevo su hipocresía y oportunismo electoral, o es que ya, ¿nadie se acuerda de que una de las primeras medidas que tomó ZP tras ser investido Presidente de Gobierno fue derogar el Trasvase del Ebro (además de traerse a las tropas y no aplicar la Ley de Calidad de la Enseñanza), y que quizás si esas obras estuvieran ahora terminadas no existiría este problema?
Entramos de nuevo en la perversión del lenguaje, nadie en el nuevo Ejecutivo se atreve a llamar a las cosas por su nombre: TRASVASE. En Cataluña se están llevando a cabo unas obras para TRASVASAR agua para Barcelona, porque esta ciudad la necesita. Punto. Este TRASVASE, y cualquier otro, desde una cuenca a otra, y de unos territorios hacia otros, debería de entenderse desde la más absoluta normalidad, y regirse únicamente desde el punto de vista de la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente.
El problema del agua en la capital catalana muestra una vez más el doble rasero del Presidente del Gobierno en la resolución de conflictos entre territorios y evidencia de nuevo su hipocresía y oportunismo electoral, o es que ya, ¿nadie se acuerda de que una de las primeras medidas que tomó ZP tras ser investido Presidente de Gobierno fue derogar el Trasvase del Ebro (además de traerse a las tropas y no aplicar la Ley de Calidad de la Enseñanza), y que quizás si esas obras estuvieran ahora terminadas no existiría este problema?