Bichito II

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Por: Redacción
Santiago López Castillo
¿Y las fábricas de patatas fritas o las de churros
donde el aceite de oliva
virgen no lo conocen, ni

llega ni se le espera?
Si a Jesús Sancho Rof, a la sazón titular de Sanidad con UCD, le llamaron “el ministro bichito” porque dijo que lo de la colza -allá por los años ochenta- es que se había caído un bichito al aceite, y luego murieron los que murieron, personas, claro, más montón de paralíticos para toda la vida, al actual, o sea, Bernat Soria, habría que ponerle de vuelta y media, sin apelativos, por ser un incongruente de tomo y lomo. Soria, nada de machadiano, valenciano en estado puro, manifestó que no debía consumirse el aceite de girasol pero, si se consumía, no pasaba nada. Oiga, señor, no nos tome el pelo; hábito en el que sigue instalado el gobierno socialista. Igual pasa con el trasvase de Cataluña, que la ministrada, al unísono, subraya que es conducto, vaso comunicante, agua de un recipiente o agua de Vichy bautizada en el Ebro por la Virgen del Pilar. El caso es no llamar a las cosas por su nombre. Porque el PSOE, además de pervertir el lenguaje, tiene grima a la palabra trasvase; o lo que es igual, al Plan Hidrológico Nacional que diseñó el PP, en una coherente y necesaria política de Estado reclamada desde los tiempos de Joaquín Costa, y ya ha llovido.
Pero a lo que iba. Lo del aceite. No se dan las marcas. Dicen (ministro y responsable de la Agencia de Seguridad Alimentaria, un tal Lobo, qué mal turrón) que la lista de empresas presuntamente implicadas ocuparía mucho espacio y más ocupa el cerebro de mosquito de estos nefastos gestores públicos. Las amas de casa no supieron qué hacer con las botellas de girasol aunque fueran refinados de Koipesol. Pero ¿y las residencias de ancianos donde se cocina con fritanga? ¿Y los comedores de alumnos? ¿Y las fábricas de patatas fritas o las de churros donde el aceite de oliva virgen no lo conocen, ni llega ni se le espera? Los políticos, grandes pensantes, a diferencia de los ciudadanos -encaminados a ser llamados súbditos-, comen, papean y gochan en restaurantes de cinco tenedores. Sacan la visa oro y si te visto no me acuerdo. Claro que en este país, llamado todavía España, ridiculizado por unos piratas sin pata de palo, corren que se las pelan, con el Capitán Garfio al abordaje, dinero negro en baúles a Suiza, todo el campo es orégano e incluso orgasmo como se recoge en la asignatura de la civilización, donde las fragatas de guerra quedan para la decoración de Trafalgar, ahora que se cumplen doscientos años. ¿De qué?
Porque Zapatero -en versión Disney- puede reeditarse a sí mismo como “Bamby”, tamaño embustero. No es la primera vez que este indigente cultural se inventa un supuesto problema para ocultar sus desaguisados, a los que el PP responde con su silencio franciscano, honorabilísimo fraile motilón, Rajoy. Sucede con el paro, que es suma y sigue que jamás le entrará en la cabeza a este iluminado presidente que hace lo que le plazca a sabiendas de que la oposición no existe. Y, encima, se ufana, de que somos el octavo país industrial del mundo, cuando, en la realidad, estamos en el puesto duodécimo de Europa.
  • Oiga: ¿es cierto que vamos en caída libre?
  • No. Gobierno de España.
(Rajoy, como halcón peregrino, trata de sobrevolar en el juego de las tempestades).