Cansados de esperar
Leo en nuestro periódico que la Diputación promociona la 'Arquitectura negra en calles e intercambiadores de Madrid'.
Si, lo suyo, dado el momento, sería referirse a la situación política que se desprende el ambiente, y que, como no podía se menos, va perdiendo interés, dejándonos tan solo el dulce o el amargo sabor -es cuestión de gustos- que a veces, y aun sin esperarlo, nos viene ofreciendo el comportamiento humano, tan a menudo incomprensible, y esta vez no ha sido sino una más. Confiemos en que los hados de la suerte nos acompañen y que la vida, cuando menos, continúe siendo igual.
Leo en nuestro periódico, grata y sorprendente, de que la Diputación promociona la “Arquitectura negra en calles e intercambiadores de Madrid” a través de un circuito de publicidad para dar a conocer esta ruta de la Sierra Norte.
La estampa y el costumbrismo ancestral de este espacio privilegiado de la provincia de Guadalajara, abandonado durante casi toda su historia, es alo único, del que rara vez los que ostentan el poder se han preocupado, hasta dejarlo perder de manera práctica, salvo en mínimos detalles, y estos a última hora, muy a última hora, con el riesgo de que llegase a desaparecer por puro abandono. Me considero testigo válido para juzgar y hablar de cifras; pues al otro lado de los Pueblos Negros, ya metidos en la Transierra, me estrené como maestro hace ahora casi sesenta años. Hasta cincuenta y dos alumnos tuve que atender en una escuela vieja y carente de material, en tanto que la maestra hacía lo mismo con cuarenta y ocho niñas, cien en total. Quinientos habitantes como población de hecho, medios de subsistencia escasos, abundante juventud que el tiempo y las circunstancias se encargaron de aventar al paso de los años, dejando el censo de población en la quinta parte de lo que antes fue y el futuro muy en el aire: ocho o diez entre niños y niñas, y el resto un setenta por ciento de personas mayores, ancianos los más, que cada año disminuye por ley natural.
Y en los Pueblos Negros algo similar, o aún peor por tratarse de pueblos más pequeños. Ni qué decir que deseo a la Diputación el mayor éxito en este empeño, donde hay tanto que hacer. Tal vez el cambio de regidores que estamos viviendo, se un inconveniente a la hora de poner en movimiento el anunciado proyecto. No veo como solución fácil el ejercicio de revitalización de aquella más que querida comarca, pero algo habrá que hacer si de verdad no queremos convertirla en desierto, a pesar de sus infinitos atractivos y posibilidades.