Caraca: la capital de la Alcarria que pide ayuda


A veces en Guadalajara nos falta reconocer el valor de lo nuestro. Mientras que otros lugares con menos que ofrecer lo venden a propios y extraños con sorprendente habilidad, aquí parece que nos da incluso un poco de vergüenza mostrar orgullo por lo que tenemos, lo que somos, y de dónde venimos

Esto se aplica a muchas cosas, pero quizá donde esta actitud es más palpable es en la defensa de nuestro patrimonio histórico, que en muchos casos languidece lentamente ante la pasividad de todos. Por eso lo que están haciendo en Driebes me parece una excelente noticia, y un maravilloso ejemplo de cómo hacer las cosas.

Y es que en Driebes se encuentra la ciudad de Caraca. La mítica capital de los carpetanos, el pueblo que dominaba la Alcarria antes de la llegada de Roma. Un lugar clave para entender nuestra historia durante la Antigüedad, cuyas ruinas están, en gran parte, enterradas en terrenos privados. Urge realizar su compra para poder seguir investigando y para proteger lo que está oculto bajo ellas. El problema principal radica en que el municipio, de poco más de 300 habitantes, no tiene los recursos para hacerlo.

Otros se habrían dado por vencidos. Habrían dicho que no disponen de fondos, y que no hay nada que hacer. El yacimiento habría seguido abandonado, como tantas cosas en nuestra tierra. Pero en Driebes han sacado ese orgullo que a veces nos falta en Guadalajara y se han lanzado con una campaña de micromecenazgo, para que todos aquellos que quieran participar en la recuperación de Caraca puedan hacerlo. Con esos recursos se podrán comprar las tierras necesarias, impulsar nuevas excavaciones, proteger el yacimiento, y enseñar a todo el que quiera la importancia de la capital carpetana. Bravo por ellos.

Ruinas de Caraca.

Pero, ¿por qué es tan importante Caraca? La antigua capital de los carpetanos es el eslabón perdido que nos conecta con nuestra prehistoria, con la Edad del Hierro, cuando en la Alcarria se vivía en poblados amurallados elevados en cerros. Caraca era el centro de gobierno y del comercio en la zona, y desde ella los carpetanos se enseñorearon de toda la comarca. Los carpetanos son, sencillamente, nuestros antecesores.

Caraca vio cómo llegaron culturas y pueblos extraños al centro de la península. Por aquí aparecieron los cartagineses, con el famoso general Aníbal (el de los elefantes que casi conquista Roma) tratando de someter a los pueblos nativos, como nuestros carpetanos. Cerca de Caraca tuvo lugar la llamada batalla del Tajo en el año 220 a.C.:  cuentan que Aníbal regresaba a Cartagena después de haber sometido a varios pueblos de la meseta norte, y al cruzar el Tajo por la Alcarria se encontró con un ejército carpetano muy superior en número que le estaba esperando. El general cartaginés, uno de los grandes de la historia, era consciente de la inferioridad numérica de sus hombres, así que esperó a los carpetanos en la otra orilla del río. Cuando éstos intentaron cruzar, les lanzó una lluvia de flechas, piedras y jabalinas que acabó con muchos de ellos y sembró el caos en las filas carpetanas. Los pocos que llegaron a la otra orilla se encontraron con los elefantes cartagineses. Aquel encuentro en el Tajo fue una derrota absoluta para nuestros caracenses, que quedaron sometidos por Cartago.

Poco después llegarían por aquí los romanos, que conquistaron todo, y de nuevo nuestra Caraca volvió a ser protagonista. Entre los años 82 y 72 a.C. Roma estaba en guerra civil, y la península ibérica se convirtió en escenario de luchas fratricidas. Por aquí pasaría el general romano Sertorio quien, huyendo del dictador Sila, se hizo fuerte en Hispania. En uno de los muchos episodios bélicos de Sertorio le vemos atacando Caraca. 

Cuentan los historiadores clásicos, como Plutarco, que los caracenses vivían en cuevas en un cerro, lo que les hacía completamente inexpugnables al asalto. Sertorio, tan buen general como Aníbal, consiguió vencerles con una treta asombrosa: ordenó a todos sus soldados que hicieran grandes montones de tierra cerca de la ciudad carpetana y, cuando comenzó a soplar el viento en dirección a Caraca, les puso a patearlos con fuerza, generando así una enorme nube de polvo que comenzó a dirigirse hacia las cuevas caracitanas. Los carpetanos, atrapados en ellas, comprendieron que el romano les quería asfixiar en sus propias casas, y tuvieron que abandonarlas, tosiendo y llorando, pidiendo clemencia.

Es posible que lo que nos cuenta el historiador Plutarco no sea más que una invención, y la conquista fuera mucho menos épica, pero en cualquier caso tras Sertorio Caraca pasó definitivamente al control de Roma. Durante las siguientes décadas, la ciudad se fue transformando, desde aquel poblado original hasta convertirse en una ciudad romana con sus termas, su foro, su acueducto y el resto de las comodidades que los invasores trajeron a la península. 

Todo indica que el momento de mayor esplendor llegó entre los siglos I y II d.C., cuando comenzó su paulatino abandono. La población se fue ruralizando, y llegó un momento que Caraca quedó en ruinas. Por aquí pasarían también los visigodos, que nos han dejado algunas tumbas, pero poco a poco se fue perdiendo la memoria de que allí, durante siglos, hubo una pujante población que dominó la comarca entera. El olvido fue tal, que incluso se perdió el rastro del lugar donde podría haber estado Caraca. Algunos historiadores, un tanto confundidos, incluso llegaron a identificarla con la propia ciudad de Guadalajara.

Afortunadamente, en los años 80 Jorge Sánchez-Lafuente y Juan Manuel Abascal propusieron que la antigua Caraca siempre había estado en el cerro de la Virgen de la Muela, en Driebes, comenzando así un lento proceso de investigación que nos ha abierto los ojos a todos. La primera capital de la Alcarria estaba allí, esperando ser redescubierta. Ahora nos toca a nosotros colaborar para que brille de nuevo y se convierta en una de las referencias históricas de nuestra provincia. Solo hace falta entrar, antes del 28 de febrero, en https://www.hispanianostra.org/micromecenazgo-proyectos-en-campana/# y hacer una aportación. Hagamos que Caraca sea de todos.