28/10/2010 / 00:00
Charo Zarzalejos


Cáritas, pobreza y solidaridad


En un recorrido al mediodía por cualquier ciudad española no es difícil encontrar largas colas ante determinados edificios. En esas colas hay hombres, mujeres con niños, familias enteras. No son filas de gentes vestidas con harapos ni de mendigos en el sentido más tradicional del término. Son gentes que si bien nunca tuvieron mucho, sí lo suficiente para vivir con una cierta dignidad, la dignidad que da el tener las necesidades vitales cubiertas y que ahora se han quedado con tan poco que o acuden a un comedor social o tienen que abandonar su casa porque no les llega para todo. Los hay que se han quedado sin nada: sin casa y sin comida. Estos son los pobres españoles, los pobres generados por la crisis que como toda crisis se ceba en los más débiles; igual que las bacterias que anidan en los organismos más débiles, con las defensas más bajas. Estos pobres, cifrados en 800.000, han encontrado cobijo y ayuda en Cáritas. A esta organización de la Iglesia católica acuden los nuevos y viejos pobres y todos, siempre, han encontrado la ayuda que en ese momento necesitaban. El informe dado a conocer el miércoles, encoge el corazón. El mapa de la pobreza en España se amplía en extensión y en número y afecta de manera prioritaria a los más mayores y cada vez más a mujeres, tanto inmigrantes como españolas. Los pronósticos no son de mejoría. Cáritas nos habla del mapa de la pobreza en España y también de solidaridad. En momentos de dificultad surge la grandeza y esa grandeza se expresa en un billete de diez o cinco euros, en un gota a gota que ha permitido que esta gran ONG haya obtenido más recursos y más manos dispuestas a ayudar a los que menos tienen. Cáritas no es la única organización que se dedica a los que menos tienen pero hay que reconocer que su solvencia, su profesionalidad está más que probada. Hay otras ONG's, católicas y no católicas, que también lo hacen y hay cientos de monjas que cuidan y asisten a ancianos que si no es por ellas morirían en la más absoluta soledad y lo hacen acompañadas por personas que dan su tiempo a otros. Estas monjas, estos voluntarios, las familias que acogen con esfuerzo a sus miembros en paro, abuelos que dan de comer a sus nietos, hermanos que cobijan a hermanos han creado, crean todos los días una extraordinaria malla de solidaridad que es lo que impide que las calles rugan. Nuestros políticos cumplen con su obligación hablando de grandes números, pero lo que falla son los números pequeños, esos que permiten una vida digna y algo habrá que inventar para que en este país nuestro, Cáritas deje de ser noticia. Hoy lo es porque la crisis le ha llevado a redoblar esfuerzos. A muchos les cuesta poner en valor, reconocer su ingente valor por ser una organización de la Iglesia católica y a otros muchos nos gusta aprovechar la ocasión para mostrar la admiración y gratitud que sin duda nos merece su incansable actividad. Si fueran protestantes, musulmanes o ateos, algunos diríamos lo mismo . ..









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