11/01/2019 / 17:43
Jesús de Andrés


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Coaliciones

Ya no hay espacio para imponer programas, ya no hay posibilidad de imponer ideas, tan sólo de llegar a acuerdos que acaben formando gobiernos que a su vez llegarán a acuerdos consensuados entre sus miembros.


La política española ha cambiado, y mucho, en los últimos tiempos. La implosión del sistema político, como consecuencia de la crisis, ha traído consigo un cambio de escenario, un aumento considerable del número de actores y, como consecuencia de ello, unas nuevas formas de relación. Si Podemos surgió con fuerza en las anteriores elecciones europeas, celebradas hace ahora cinco años, hoy emerge Vox tras obtener 12 diputados en las andaluzas. Lejos quedan los años de mayorías absolutas iniciadas en los años ochenta. En un escenario partidista fragmentado, la norma será la de unir a varios partidos cuando de intentar gobernar se trate. Sumar entre los afines, e incluso los diferentes, para ensamblar mayorías suficientes que permitan gobernar.

La política, en democracia, gira en torno a la negociación, sobre la base de la creación de acuerdos que permitan ganar las diferentes elecciones, articular parlamentos y gobernar. Por ello, en tiempos como estos, en los que la negociación no sólo es un requisito previo sino una situación imposible de evitar, los diferentes partidos políticos están abocados a rentabilizar al máximo las fuerzas de que disponen de cara a los compromisos electorales. En función de las características del sistema electoral no tendrán más remedio, si pretenden obtener un resultado positivo, que formar coaliciones electorales. También será necesaria la negociación de cara a conformar coaliciones parlamentarias, quizá el escenario que mejor refleja –con la crudeza de los números- la necesidad de articular mayorías. Por último, la posibilidad de configurar gobiernos de coalición será fase final de un largo proceso en el que el diálogo, la cesión, el desprendimiento de argumentos propios y la generosidad consigan cualquier tipo de poder ejecutivo. 

Lo hemos visto en Andalucía en estos días, un tira y afloja entre Ciudadanos y el Partido Popular, por un lado, y el PP y Vox, por otro, pero también entre el PSOE y Podemos, Ciudadanos y el PSOE, y Vox y Ciudadanos. Ya no hay espacio para imponer programas, ya no hay posibilidad de imponer ideas, tan sólo de llegar a acuerdos que acaben formando gobiernos que a su vez llegarán a acuerdos consensuados entre sus miembros. La historia de los gobiernos-rodillo pasó a la historia. El perfil del político dogmático e ideologizado hasta el extremo tendrá más problemas para sobrevivir en el nuevo medio. Cuando a mediados de los noventa finalizó la época de mayorías absolutas y tanto Felipe González como José María Aznar tuvieron que negociar la formación de sus gobiernos se abrió una nueva etapa política. Entonces fueron los partidos nacionalistas, por las particularidades del sistema, los grandes beneficiados. Hoy lo son los partidos situados en los extremos del arco ideológico o de su afinidad con un proyecto nacional de Estado. La nueva era nos deparará entretenimiento y no pocas sorpresas; confiamos que los sustos sean los menos.


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