02/12/2010 / 00:00
Charo Zarzalejos


Como el náufrago


Los que se sienten perdidos en medio del mar y el agua les supera el cuello, se ven en la necesidad de estirar sus músculos, abrir la boca y coger el aire que le sirva para poder resistir. Y así, una y otra vez. A base de breves bocanadas de aire y de mucho temple el náufrago _según nos cuentan las películas_ logra encontrar una tabla a la que asirse y así llegar a la orilla. Las películas, salvo raras excepciones, acaban con un náufrago exhausto pero vivo. Nuestro Presidente es un poco como el náufrago, solo que perdido y atrapado por una crisis a la que no se ve fin y por sus propias dudas y temores. De vez en cuando coge aire y así hasta el nuevo ataque de vértigo generalizado. Cogió aire el miércoles, cuando para sorpresas de todos, menos dos o tres, eligió su turno de respuesta a Rajoy para anunciar una serie de medidas, esta vez dirigidas a las pequeñas y medianas empresas y que en más de una ocasión, cuando habían sido propuestas tanto por el PP como por CiU habían sido desestimadas. Parece existir un consenso generalizado en que las mismas van en la buena dirección. Y es verdad que las medianas y pequeñas empresas han sido especialmente sacudidas por la crisis y es verdad que si se privatiza la gestión de los aeropuertos de Barcelona y Madrid, así como el treinta por ciento de Loterías Nacionales, el Estado hace caja. Sin embargo no deja de ser sorprendente la naturalidad, por no decir complacencia, con la que se da por buena la supresión de los 426 euros a los parados de larga duración, como si fuera un sino inexcusable. La medida en cuestión supone un ahorro de 400 millones de euros que si se revisaran las subvenciones aún vigentes se obtendrían sin especial esfuerzo. Estiro los músculos y cojo aire en la leve esperanza de que hoy el Consejo de Ministros eche al asunto una pizca de imaginación y sustituya esta medida por otra menos cruel. No se trata de hacer demagogia. Al contrario. Es seguro que si se pusiera empeño en evitar el fraude en el cobro de prestaciones, si se reordenaran ayudas que dan las comunidades autónomas y ayuntamientos y se evitara que muchos recibieran hasta por tres ventanillas, es seguro que el Gobierno no debería acudir a la adopción de esta medida que en muchos casos es de pura y dura supervivencia. Mas valdría ir rápidamente a una reforma laboral seria, afrontar la necesidad de unificar el mercado, apremiar a los bancos para que fluya el crédito, simplificar el proceloso entramado institucional de España aunque algunos barones territoriales se enfadaran, pagar un euro cada vez que pisamos un hospital y garantizar que todos los españoles, vivan donde vivan, van a tener las mismas coberturas. La lista podría ser más amplia pero no menos compleja. Escribiendo todo esto me he sentido un poco náufraga, pendiente de la televisión esperando la pequeña bocanada de aire que hubiera supuesto para todos que el Mundial de Fútbol del 2018 se hubiera celebrado en España y Portugal. Pero ni eso. Se lo lleva Rusia que ya me dirán para que lo quiere. Para nosotros, incluido el Presidente náufrago, hubiera sido un bálsamo y su logro nos hubiera permitido compartir un destello de ilusión..

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