07/11/2020 / 13:05
Pedro Villaverde Embid


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Confinamiento domiciliario

En dos o tres semanas será una realidad. Un poco antes hubiese sido mejor.


Los expertos sanitarios coinciden, con sus matices, en el confinamiento como único tratamiento eficaz para frenar la expansión de una pandemia que en plena segunda ola se agrava cada día en toda Europa, con muertos, hospitalizados y contagiados. Muchos países, con menor incidencia de casos por cada cien mil habitantes, indicador fundamental, han optado ya por esta decisión extrema, letal para la economía, perjudicial para la salud emocional de las personas y la sociedad, pero mortal para un virus con el que no podemos acostumbrarnos a convivir. Algunas comunidades autónomas españolas lo han pedido restringiendo cada día más sus medidas y casi todos los políticos, sin micrófono delante, lo consideran inevitable y necesario, con los niños en clase y manteniendo entornos laborales, o sea menos duro. En dos o tres semanas será una realidad. Un poco antes hubiese sido mejor.

  Dar el paso de confinar cuando se conoce ya el impacto sobre la producción, el tejido empresarial y el empleo de los meses de paralización sufridos,  se escucha el clamor de comercios, hostelería y negocios a los que un segundo cierre resultaría definitivo, no se cuenta con el apoyo de parte de la oposición porque la división sigue reinando en España con la peor clase política en democracia que recordemos y con protestas callejeras, aunque sea de minorías exaltadas, irracionales y nocivas, da vértigo, sin antes demostrar a todos que no hay otra solución. Por ellos el Gobierno, sabiendo que solo son parches o justificaciones, quema cartuchos, experimenta, busca legitimación, incluso pasando la pelota a las autonomías (cierto que la pidieron y es lo constitucional cuando se requiere un mando central fuerte y criterios unitarios) con toques de queda, escasos en el horario,  confinamientos perimetrales que no dejan entrar y salir virus de las ciudades mientras por ellas circula con casi total libertad e insiste en la prudencia individual que sí, pero de aquella manera. A estas alturas todos sabemos ya que hay que confinar para avanzar.


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