21/12/2010 / 00:00
Julia Navarro


Corazón partido


 
Nunca antes un Gobierno ha contado con unos sindicatos tan apacibles y colaboradores como lo han sido CC.OO. y UGT en los últimos años. En realidad, los sindicatos se han jugado parte de su prestigio y credibilidad por haber hecho seguidismo del Gobierno Zapatero. Incluso ahora que no tienen más remedio que alzar la voz por las reformas emprendidas por Zapatero que afectan a la médula de nuestro Estado del bienestar, tanto a Méndez como a Toxo se les nota incómodos por tener que enfrentarse al Gobierno amenazando con convocar una huelga general. El caso es que los sindicatos no pueden permanecer impasibles ante el anuncio de que se va a aumentar la edad de jubilación de los 65 a los 67 años. Es una de las últimas decisiones del Ejecutivo que está levantando ronchas. Desde el Gobierno, por boca de la vicepresidenta Salgado y de otros ministros, se asegura que se intentará convencer a los sindicatos hasta el último momento de que es imprescindible subir la edad de jubilación. Lo mandan los mercados, esos entes abstractos, detrás de los cuales en muchos casos lo único que hay son especuladores que están haciendo su agosto a cuenta del sufrimiento de los demás. Lo mandan los mercados y también la OCDE, que incluso apunta que la edad de jubilación de los españoles se debería de aumentar a los setenta años. Así las cosas, los sindicatos, ya digo, no han tenido más remedio que anunciar la convocatoria de huelga general para los últimos días de enero. La cuestión es si en esta ocasión su convocatoria encontrará eco y serán capaces de parar el país. Y no es que los ciudadanos no estén enfadados con el Gobierno y crean que merece un castigo. Las encuestas son abrumadoras al respecto: los ciudadanos, de manera mayoritaria, rechazan la política del Gobierno. De manera que existe un clima propicio para que la huelga general sea un éxito. Pero el problema son los convocantes, es decir, los sindicatos, precisamente por esa política empalagosa y complaciente que han venido haciendo con el Gobierno, que les ha ido restando credibilidad. Porque esa es la cuestión de fondo, la falta de credibilidad de los sindicatos, el que los ciudadanos se sientan de verdad representados por las organizaciones sindicales. De aquí a enero tienen tiempo de calentar motores y, mientras tanto, en vez de dejarse convencer por el Gobierno, no estaría de más que fueran ellos los que convencieran al Gobierno que empiece a ahorrar, pero a ahorrar de verdad, y no a cuenta de los jubilados o haciéndonos trabajar más años. A Méndez y a Toxo se les nota con el "corazón partido", incómodos teniendo que plantar cara al Gobierno, poniendo distancia con Zapatero. Pero en este envite se juegan su propia razón de ser, o los trabajadores sienten que los sindicatos les defienden de verdad o definitivamente terminarán prescindiendo de ellos. Al líder de CC.OO. se le nota más decidido, a Cándido Méndez dudoso, peor en cualquier caso la cita con la protesta será en enero. Mientras, tiempo al tiempo. . 

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