16/10/2020 / 14:01
Jesús de Andrés


Imagenes

Crispados

Lo que está pasando, por ejemplo, con la gestión política de la justicia es de pasmo. 


Menos mal que la pandemia iba a sacar lo mejor de nosotros mismos. Si hubiera sacado lo peor, no quiero ni pensar en dónde podríamos estar ahora ni hacia dónde nos estaríamos yendo. Es una percepción particular, pero de un tiempo a esta parte advierto una especial excitación del personal, un nerviosismo, posiblemente originado por la intranquilidad y la incertidumbre de este tiempo que nos ha tocado vivir, que nos afecta a todos. Sobre todo, que por algo son nuestros representantes, y hay que ver lo bien que nos representan, a la clase política. ¡Dictador! ¡Corrupto! ¡Asesino! ¡Sociópata! ¡Imbécil! ¡Antisistema! ¡Payaso! ¡Felón! Y eso sin salir del Congreso de los Diputados. No sirve de consuelo, pero también ocurre en otros países, y para muestra el botón de la campaña presidencial en Estados Unidos, aunque en pocos con la virulencia del nuestro.

Lo que está pasando, por ejemplo, con la gestión política de la justicia es de pasmo. Mientras unos incumplen el mandato legal de renovación del Consejo General del Poder Judicial, pasándose la Constitución por el forro sin que se les mueva el bigote, otros pretenden cambiar las leyes para elegir jueces a la carta como si todo valiera. Los mismos que, desde la oposición, criticaron el uso partidista de la Fiscalía General del Estado, hacen lo propio desde el Gobierno; aquellos que en su momento pusieron a sus peones en el Ministerio Fiscal, se rasgan hoy las vestiduras porque lo hacen estos. Lo de la paja y la viga, una vez más. Es asombrosa, más allá de la perenne falta de respeto, la endémica incapacidad para el entendimiento de los partidos con capacidad para gobernar. ¿Qué tendría que pasar para que se pusieran de acuerdo? Si mañana el planeta fuera invadido por naves extraterrestres, aquí el debate sería de acusaciones mutuas: ¡la culpa es de un gobierno socialcomunista atado a la silla! o ¡la oposición solo quiere hablar de este asunto para poner un velo sobre la corrupción! Los extraterrestres destinados a España, por supuesto, volverían a su casa a la velocidad de la luz.

Tanta cólera impostada, tanto enfurecimiento selectivo, no pasa desapercibido. Entre unos y otros hacen irrespirable el ambiente, algo para lo que no hay mascarillas. Y el hartazgo crece a la vez que el volumen de sus descalificaciones. No creo que sea mucho pedir que se concentren en lo inmediato, en lo importante, que es vencer al virus y atajar la crisis económica y la devastación social que asoma en el horizonte, y que se dejen de una vez por todas de cálculos electorales y tacticismo. Los únicos enojados con derecho a serlo somos los pacientes ciudadanos que, encima, tenemos que asistir, un día sí y otro también, a tan triste espectáculo.


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