18/12/2010 / 00:00
Fernando Jáuregui


Cuando Rajoy aplaudió a Zapatero...


Este sábado se produjo un hecho con muy escasos precedentes: Mariano Rajoy aplaudió -y no de manera desganada, me pareció- un discurso de Jose Luis Rodríguez Zapatero. Ocurrió en la estación Joaquín Sorolla, de Valencia, y el Ave entre Madrid y esta ciudad acababa de inaugurarse oficialmente por los reyes, acompañados del presidente del Gobierno, el ministro de Fomento, los presidentes de ambas comunidades autónomas, los alcaldes de las dos ciudades y un importante número de empresarios, periodistas... Zapatero hizo, a mi entender, uno de sus mejores discursos, pidiendo unidad política: "cada vez que los españoles vamos juntos, somos ganadores", había dicho, entre gestos de asentimiento de los presentes. Era, y Zapatero y, tras él, el Rey, se encargaron de recalcarlo, un día histórico. Un día en el que socialistas, populares y la multitud se mezclaban para acoger alborozados la que puede ser la última gran obra pública en España durante algún tiempo: el AVE Madrid-Valencia. Flotaba en el aire un ambiente de unidad, que pienso que Zapatero, que venía de una semana dura (más), recogió bien en su discurso: "solo un gran país es capaz de tener una inversión en alta velocidad como esta, y lo logramos cuando lo hacemos todos juntos". Era el momento de sacar pecho, y el presidente, casi recién llegado de Europa, donde había escuchado, complacido, las alabanzas de la señora Merkel, pero también había percibido, preocupado, las urgencias para poner en marcha 'sus' reformas, lo sacó. Aún quedaban en el aire de la novísima y aterida estación valenciana los ecos de la derrota de los controladores en su pulso al Estado - no se habló de otra cosa durante el trayecto inaugural, que los periodistas compartimos con las personalidades invitadas--; y la resaca de la victoria, algo pírrica, del ministro Ramón Jáuregui en el Parlamento, donde logró la aceptación de la prórroga del estado de alarma; aún se hablaba de un inminente comunicado 'de paz' de ETA, de cuya existencia Zapatero dijo a los informadores no saber nada ("pero ¿de dónde salen esos rumores?")... Sin duda, eran momentos de tensión acumulada durante la semana y fueron esos momentos los que Zapatero eligió para hacer una llamada a la unidad de acción política. Una llamada que, desde luego, no significa nada más que eso: unas frases atinadas ante unos micrófonos y tres centenares de personas abarrotando el 'hall' de la flamante estación Sorolla. La clase política española se pasa el día hablando de la necesaria unidad, del pacto en las cosas imprescindibles -que es lo que las encuestas dicen que quieren los españoles--, pero nunca da un solo paso para ponerla en práctica. De ahí que, aunque solamente sea por la iconografía, me parezca digno de resaltar el hecho de que Mariano Rajoy aplaudiese, en un acto que era más político que institucional, unas palabras de Zapatero, a quien sin embargo le faltó, a mi modo de ver, la grandeza de recordar a los gobiernos anteriores al suyo que pusieron en marcha el proyecto. Eso sí que hubiese sido un primer paso efectivo hacia el acercamiento. Pero no conviene ser utópicos: antes que entrando en una etapa de unidad de acción en los frentes clave de la política, estamos más bien en los albores de una nueva y cruenta batalla preelectoral, que nos llevará, en mayo, a las urnas autonómicas y municipales, y quién sabe -rumores en los mentideros hay, en estos tiempos de excesivos nervios políticos, para todos los gustos_si a alguna elección más. Creo que no toca, por ahora, pensar en más pactos de los que se han producido, y que han sido más por sentido común que por patriotismo. Antes bien, pienso que se están afilando los cuchillos, limpiando las escopetas y preparando la partida de caza: la pieza a batir es ese agotado Zapatero que este sábado vivía un día de gloria y lanzaba, temo que muy tardíamente, un grito de unidad en la jornada que tirios y troyanos compartían excepcionalmente, entre risas y bromas, un mismo vagón de tren, atravesando, a trescientos kilómetros por hora, un país que a veces parece caminar hacia atrás. Sospecho, sí, que la escena del aplauso de Rajoy a Zapatero, o viceversa, va a tardar en volver a producirse.

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