De bien nacidos...
01/10/2010 - 09:45
Cartas al director
FERNANDO CATALÁN POLO / Guadalajara
Durante la semana del 15 al 18 de junio, los distintos grupos de la Escuela Municipal de Teatro, tuvimos la ocasión de poner en escena los trabajos de fin de curso ante las personas que quisieron venir a vernos. Cierto es que las tres representaciones resultaron bastante emotivas y dejaron, creo yo, un buen sabor de boca entre los asistentes.
Sin embargo, los alumnos de tercer curso, debemos apuntarnos en e debe un detalle que, desde el 18 de junio, fecha de nuestra representación, no deja de martillearme la conciencia, y al que quiero poner fin a través de estas letras.
Resultó que, tras la puesta en escena, se os entregaron unos diplomas acreditativos de nuestro paso por la Escuela de teatro. Nosotros, los alumnos de tercero, recibimos dichos laureles con infinita alegría en medio de la felicitación y los aplausos de las autoridades asistentes, profesores y público en general- Al final de dicho acto se nos invitó a decir unas palabras y yo no sé si por la emoción del momento o porque ninguno de los aludidos tenemos afición por la oratoria, el caso es que dejamos pasar la ocasión sin ni siquiera expresar sucintamente los obligados y, en esta ocasión, merecidos agradecimientos a las distintas personas que han tenido a bien colaborar en el buen funcionamiento de la escuela.
Quiero por ello agradecer en mi nombre y en el de los alumnos de tercer curso de la Escuela Municipal de Teatro de Guadalajara a Dña. Isabel Nogueroles, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara por haber apostado en momentos difíciles, que los hubo por la continuidad de la Escuela, puesta en marcha por la anterior Corporación Municipal y, por su apoyo y receptividad hacia os alumnos. ¡Gracias!
Al equipo de profesores de la escuela: Rodrigo, Andrea y Cecilia, a veces incomprensibles, a veces incomprendidos, pero siempre profesionales respetuosos y portadores de una palabra amable que nos hiciera sentir mejor cada clase, que nos hiciera superarnos y sacar los mejor de nosotros día a día. ¡Gracias!
A nuestras familias, cónyuges, novios, hijos, padres, etc a las que les hemos robado tantas horas de ausencia y tantas otras de agotadora presencia, contándoles los avatares de la clases, los nervios de la función, la réplica del guión, ¡Gracias!
Y por último, no quiero ni debo olvidar a nuestro amigo Luis. Luis es esa persona a la que podríamos llamar El encargado. Esa persona que sabes que estará cuando la necesites, siempre, en un prudente segundo plano, pero estará. Tal vez sea ese su trabajo y para eso le pagan, pero ¡ay, amigos! hay muchas formas de desempeñar un mismo trabajo y Luis sabe muy bien cómo hacer el suyo. Gracias, Luis.
Resultó que, tras la puesta en escena, se os entregaron unos diplomas acreditativos de nuestro paso por la Escuela de teatro. Nosotros, los alumnos de tercero, recibimos dichos laureles con infinita alegría en medio de la felicitación y los aplausos de las autoridades asistentes, profesores y público en general- Al final de dicho acto se nos invitó a decir unas palabras y yo no sé si por la emoción del momento o porque ninguno de los aludidos tenemos afición por la oratoria, el caso es que dejamos pasar la ocasión sin ni siquiera expresar sucintamente los obligados y, en esta ocasión, merecidos agradecimientos a las distintas personas que han tenido a bien colaborar en el buen funcionamiento de la escuela.
Quiero por ello agradecer en mi nombre y en el de los alumnos de tercer curso de la Escuela Municipal de Teatro de Guadalajara a Dña. Isabel Nogueroles, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara por haber apostado en momentos difíciles, que los hubo por la continuidad de la Escuela, puesta en marcha por la anterior Corporación Municipal y, por su apoyo y receptividad hacia os alumnos. ¡Gracias!
Al equipo de profesores de la escuela: Rodrigo, Andrea y Cecilia, a veces incomprensibles, a veces incomprendidos, pero siempre profesionales respetuosos y portadores de una palabra amable que nos hiciera sentir mejor cada clase, que nos hiciera superarnos y sacar los mejor de nosotros día a día. ¡Gracias!
A nuestras familias, cónyuges, novios, hijos, padres, etc a las que les hemos robado tantas horas de ausencia y tantas otras de agotadora presencia, contándoles los avatares de la clases, los nervios de la función, la réplica del guión, ¡Gracias!
Y por último, no quiero ni debo olvidar a nuestro amigo Luis. Luis es esa persona a la que podríamos llamar El encargado. Esa persona que sabes que estará cuando la necesites, siempre, en un prudente segundo plano, pero estará. Tal vez sea ese su trabajo y para eso le pagan, pero ¡ay, amigos! hay muchas formas de desempeñar un mismo trabajo y Luis sabe muy bien cómo hacer el suyo. Gracias, Luis.