De la calle Mayor al Ferial Plaza
01/10/2010 - 09:45
EL COMENTARIO
EMMA JARABA - Periodista
Desde hace unos cuanto s años, por abandono, interés o simplemente por olvido, esta ciudad perdió el típico calle Mayor arriba- calle Mayor abajo, en el que las gentes de la capital se dejaban ver de camino al bar; de tiendas; al mercado; al paseo tranquilo; a la búsqueda de la cartelera del Imperio, el Moderno o el Luengo; a la misa del domingo y fiestas de guardar.
Todo un protocolo social eso de formar parte del paisaje y el paisanaje, como a algunos les gusta contar, de la calle Mayor. El declive y casi defunción del centro de Guadalajara ha dejado vacía esta calle y las que le rodean, con la excepción de los días de diario, donde los empleados de bancos, constructoras y organismos oficiales dan movimiento a esta corazón herido que en otro tiempo fue el meollo de la ciudad.
Si hace unos años, con el cierre del viejo y mugriento Bar Soria acabó con lo que todos conocimos como la esquina del Soria y el trapicheo y tratos que se traían los agricultores y ganaderos que bajan el martes a la capital con motivo del mercadillo, ahora casi está a punto de suceder los mismo con la calle Mayor. Los viejos edificios y las nuestras construcciones dominadas por la localización de sedes de las principales empresas constructoras de la provincia y las entidades bancarias- destacan en una fisonomía de escaparates que no resultan atractivos para el paseante; locales comerciales donde en grandes letras se anuncia que se vende, se alquila, se traspasa o se liquida todo por ceses de negocio. Un panorama desolador más bien y demasiado gris y caduco.
El ciudadano casi ya no pasea o deambula por la calle Mayor, aquí no encuentra el encanto de otros momentos. El relevo como centro sociológico de la ciudad que siempre marca cualquier calle mayor, en Guadalajara lo ha tomado, desde el pasado mes de noviembre, el Feria Plaza.
Bajo esta gran manzana de las compras y el ocio, el paseante ha encontrado la luz, el color, el olor y el paisanaje que había perdido la vieja calle Mayor. Eso sí, se sigue corriendo el riesgo de encontrarse a quien no se desea y a quien agradece un saludo cordial y amable, pero esto sigue siendo algo propio de una capital de provincia. De un espacio cargado de historia, la vida social de la ciudad, a falta de la vieja influencia de casinos y ateneos del obrero, se ha trasladado al otro lado de la N-II, donde antes sólo había caminos y tierras de labor.
Si hace unos años, con el cierre del viejo y mugriento Bar Soria acabó con lo que todos conocimos como la esquina del Soria y el trapicheo y tratos que se traían los agricultores y ganaderos que bajan el martes a la capital con motivo del mercadillo, ahora casi está a punto de suceder los mismo con la calle Mayor. Los viejos edificios y las nuestras construcciones dominadas por la localización de sedes de las principales empresas constructoras de la provincia y las entidades bancarias- destacan en una fisonomía de escaparates que no resultan atractivos para el paseante; locales comerciales donde en grandes letras se anuncia que se vende, se alquila, se traspasa o se liquida todo por ceses de negocio. Un panorama desolador más bien y demasiado gris y caduco.
El ciudadano casi ya no pasea o deambula por la calle Mayor, aquí no encuentra el encanto de otros momentos. El relevo como centro sociológico de la ciudad que siempre marca cualquier calle mayor, en Guadalajara lo ha tomado, desde el pasado mes de noviembre, el Feria Plaza.
Bajo esta gran manzana de las compras y el ocio, el paseante ha encontrado la luz, el color, el olor y el paisanaje que había perdido la vieja calle Mayor. Eso sí, se sigue corriendo el riesgo de encontrarse a quien no se desea y a quien agradece un saludo cordial y amable, pero esto sigue siendo algo propio de una capital de provincia. De un espacio cargado de historia, la vida social de la ciudad, a falta de la vieja influencia de casinos y ateneos del obrero, se ha trasladado al otro lado de la N-II, donde antes sólo había caminos y tierras de labor.