30/11/2010 / 00:00
Rafael Martínez Simancas


Descuidos del espionaje


Hasta hace unos años, justo antes de caer el telón de acero, en los mercadillos de Moscú te podías encontrar todo tipo de curiosas condecoraciones soviéticas. Ahora el mercadillo más divertido está en Washington, en los alrededores del Pentágono te venden papeles de espionaje norteamericano a buen precio. Póngame cuarto y mitad de Berlusconi y unas cuántas miserias de presidente iraní. Lo pides, el vendedor se mete en un cuartito y al cabo de un rato aparece con el encargo envuelto en papel de periódico y traducido a varios idiomas. Todo lo que se escribe en lenguaje cifrado se puede descifrar así como todo lo que es secreto puede acabar siendo público (es sólo cuestión de tiempo). Lo que le ha pasado al espionaje norteamericano es que se ha dejado el teléfono móvil encima de la mesa y se lo han cotilleado. En Estados Unidos le llaman "sexting", es lo que le ocurrió a Eva Longoria con su marido Tony Parker que tenía el teléfono cargado de erotismo vía sms. El episodio de porno desaforado (con otra) le ha costado el matrimonio al jugador de baloncesto. El "sexting" tiene una versión en espionaje que es justo lo que estamos conociendo al leer todos estos papeles que debían estar clasificados. Básicamente no aportan nuevos datos, tienen valor porque ponen por escrito algunas ideas que ya se tenían como ciertas en privado, por ejemplo que el primer ministro italiano tiene afición a la orgía, y que la presidenta argentina tiende al desvarío mental. Analizados estas cuestiones con criterio de psiquiatra forense quizá se pueda llegar a la conclusión de que el poder es insano, tanto por la función que representa como por los que representan esa función. No sabemos si estaban locos antes de llegar al poder, o si por el contrario han acabado tarumbas por culpa de ejercer esos cargos. Dejando a un lado los detalles políticos de las filtraciones creo que los papeles demuestran la mala salud mental de nuestros mandatarios, pocos pasarían un psicotécnico facilito. Deberíamos saber a qué clases de sicópatas votamos cada cuatro años para luego atenernos a las consecuencias. La OMS haría bien si obligara a estampar en las carteras de los ministros la leyenda: "gobernar mata, y sus efectos pueden ser perjudiciales para la salud". Siempre ha existido una cuota de mandatarios con la cabeza echada a perder pero es que ahora se han juntado muchos. La pregunta es cuánta cuota de estupidez estamos dispuestos a consentir antes de mandarlos a paseo. Para algunas cosas no aguantamos nada pero para otras somos los corderos más fáciles de pastorear.

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