Desencuentros
01/10/2010 - 09:45
EL COMENTARIO
Carlos Sanz Establés - Periodista
La historia reciente entre la capital provincial, gobernada por el Partido Popular, y la Junta de Comunidades, gobernada por el PSOE, está plagada de desencuentros políticos que acaban minando la poca fe que todavía algunos ciudadanos tienen en los políticos y en las instituciones. No es posible que entre instituciones públicas y democráticas, cuyo fin único y principal debe ser contribuir a mejorar la calidad de vida y el bienestar de sus ciudadanos, se mantengan luchas fratricidas en aras de intereses que nada tienen que ver, evidentemente, con las demandas ciudadanas.
En Guadalajara el enfrentamiento más sonado ha sido por la ubicación definitiva del futuro campus universitario que, al final, se solucionó gracias a la mediación del rector de la Universidad alcalaína y al sentido común del propio Barreda y de Román, pero cada día nos levantamos con una enfrentamiento nuevo y cada vez más barriobajero y deplorable: el arreglo del acceso a Guadalajara por la calles Francisco Aritio desde el nudo Cabanillas hasta el puente árabe; el conflicto que se suscitó en el zoo municipal con el Centro de Recuperación de Aves; las disputas con el proyecto de urbanización de El Fuerte de San Francisco; el problema planteado en el nuevo polideportivo de Aguas Vivas que retrasará meses sus apertura; el enfrentamiento por los centros sociales de Los Valles y Manantiales; las disputadas por el Palacio de Congresos y Exposiciones de la capital; la pelea permanente entre facciones políticas en la Mancomunidad de Aguas del Sorbe; la drástica disminución de los fondos regionales de ayuda al municipio respecto a la capital; la falta de entendimiento en la solución de la escasez de plazas públicas de guardería; y que decir de la gratuidad de la autopista de peaje, o de las lanzaderas AVE, o del tercer carril de la Autovía de Aragón y todo ello sin salirnos, casi, de la capital.
A los ciudadanos les importa un comino quién haga las cosas, quién la inaugure o quién las gestione, lo que quieren es soluciones a sus problemas. Aquí lo que en verdad cuenta es que el secular enfrentamiento político ha dejado a Guadalajara a la cola de las capitales provinciales de la región y que esto no tiene pinta de cambiar, acaso lo haga a peor. Deberíamos tener todos más respeto por las instituciones, independientemente de quien las gobierne en cada momento determinado; cumplir y hacer cumplir los acuerdos que comprometen estas instituciones, no los cargos que puntualmente firman; presentar más respeto a los ciudadanos que pagan sus impuestos; ser más prudentes en manifestaciones públicas llenas de odio y crispación; en fin, tomarse una tila y comprender que los únicos perjudicados con estas historias son los de siempre, los ciudadanos contribuyentes.
En Guadalajara el enfrentamiento más sonado ha sido por la ubicación definitiva del futuro campus universitario que, al final, se solucionó gracias a la mediación del rector de la Universidad alcalaína y al sentido común del propio Barreda y de Román, pero cada día nos levantamos con una enfrentamiento nuevo y cada vez más barriobajero y deplorable: el arreglo del acceso a Guadalajara por la calles Francisco Aritio desde el nudo Cabanillas hasta el puente árabe; el conflicto que se suscitó en el zoo municipal con el Centro de Recuperación de Aves; las disputas con el proyecto de urbanización de El Fuerte de San Francisco; el problema planteado en el nuevo polideportivo de Aguas Vivas que retrasará meses sus apertura; el enfrentamiento por los centros sociales de Los Valles y Manantiales; las disputadas por el Palacio de Congresos y Exposiciones de la capital; la pelea permanente entre facciones políticas en la Mancomunidad de Aguas del Sorbe; la drástica disminución de los fondos regionales de ayuda al municipio respecto a la capital; la falta de entendimiento en la solución de la escasez de plazas públicas de guardería; y que decir de la gratuidad de la autopista de peaje, o de las lanzaderas AVE, o del tercer carril de la Autovía de Aragón y todo ello sin salirnos, casi, de la capital.
A los ciudadanos les importa un comino quién haga las cosas, quién la inaugure o quién las gestione, lo que quieren es soluciones a sus problemas. Aquí lo que en verdad cuenta es que el secular enfrentamiento político ha dejado a Guadalajara a la cola de las capitales provinciales de la región y que esto no tiene pinta de cambiar, acaso lo haga a peor. Deberíamos tener todos más respeto por las instituciones, independientemente de quien las gobierne en cada momento determinado; cumplir y hacer cumplir los acuerdos que comprometen estas instituciones, no los cargos que puntualmente firman; presentar más respeto a los ciudadanos que pagan sus impuestos; ser más prudentes en manifestaciones públicas llenas de odio y crispación; en fin, tomarse una tila y comprender que los únicos perjudicados con estas historias son los de siempre, los ciudadanos contribuyentes.