Día del Seminario

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

CARTAS AL DIRECTOR
José Sánchez.- Obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara
El Día del Seminario se celebra, en este año, el 9 de Marzo, V Domingo de Cuaresma. Como en años anteriores, y con más insistencia, si cabe, os invito a todos los diocesanos a acrecentar vuestro interés y afecto por nuestros seminaristas y por nuestro Seminario.
El Día del Seminario se celebra, en este año, el 9 de Marzo, V Domingo de Cuaresma. Como en años anteriores, y con más insistencia, si cabe, os invito a todos los diocesanos a acrecentar vuestro interés y afecto por nuestros seminaristas y por nuestro Seminario, a orar por ellos, por los sacerdotes y por el aumento de las vocaciones y a ayudarnos en la formación de los actuales seminaristas y en la promoción y cultivo de nuevas vocaciones al sacerdocio.
El Seminario es el lugar de la formación, del discernimiento vocacional y de la preparación de los candidatos al sacerdocio para ser enviados a servir como sacerdotes al pueblo de Dios. En la actualidad contamos en nuestra diócesis con seis seminaristas en los seis cursos del Seminario Mayor y con diez en los seis cursos del Seminario Menor. Es un número manifiestamente insuficiente para mantener en un futuro próximo la adecuada atención en el servicio sacerdotal a nuestras parroquias y demás campos de la pastoral.
Con todo, estamos convencidos de que el Señor sigue llamando a niños, adolescentes, jóvenes y adultos, porque toda edad es buena, al ministerio del sacerdote. Dios habla de muy diversas formas, Dios llama a cada uno por su nombre a los diversos servicios en la Iglesia y en la sociedad; también al sacerdocio. Si escuchas hoy su voz… - dice el lema de la Jornada del Seminario de este año. Por eso hemos de preguntarnos todos por qué no tenemos más seminaristas.
Se aducen como causas de la actual escasez de vocaciones en nuestra diócesis, en España y en Europa, en general, entre otras: La creciente secularización de nuestra sociedad, la baja religiosidad de muchas familias, unida a la excesiva valoración de los bienes materiales en detrimento de los espirituales, la abundancia y variedad de ofertas de una vida más cómoda, menos sacrificada y de un trabajo mejor retribuido y más valorado socialmente que el del sacerdote… También se echan en falta frecuentes y atrayentes modelos de identificación encarnados por quienes hoy somos los ministros de la Iglesia. En definitiva, se trata de que la llamada del Señor no es escuchada o no es respondida
Esta realidad nos obliga a todos – padres, familias, parroquias, comunidades religiosas, grupos y organizaciones de la Iglesia y a los propios sacerdotes – a preguntarnos sobre nuestra responsabilidad en la actual crisis de vocaciones. Como consecuencia, habremos de implicarnos más todos en la tarea de fomentar, promover y ayudar a mejorar esta situación y en intentar volver a llenar nuestros Seminarios. Es difícil, pero para Dios, que cuenta con nuestra colaboración, nada hay imposible.
Se nos pide a todos una mayor estima, aprecio, colaboración y corresponsabilidad en la promoción, fomento y acompañamiento de las vocaciones; a cada uno desde nuestro lugar y misión en la Iglesia.
Es necesario crear en las familias un clima religioso y de oración, donde se escuche más fácilmente la voz del Señor y se responda con más prontitud y generosidad. A ello han de contribuir los educadores cristianos, sobre todo los sacerdotes y la parroquia. Muy importante es también la educación religiosa, que ayudará al posible candidato a interpretar los signos de su vida – gozosos o dolorosos – como palabra de Dios que ha de ser escuchada y respondida.
Obviamente, seguimos necesitando la colaboración de todos - personas, parroquias, comunidades, cofradías, organizaciones de Iglesia… - que, con su oración y con su aportación económica, ayuden a formarse a los seminaristas que mañana les servirán como sacerdotes.
A los actuales seminaristas y a los sacerdotes se nos pide vivir gozosamente nuestra vocación y manifestar con nuestra vida que merece la pena y tiene sentido seguir fielmente al Señor y gastar la vida en el servicio generoso a los hermanos.
Todos tenemos la obligación de pedir a Dios que los que Él llama, escuchen su voz y respondan: Aquí estoy…Habla Señor, que tu siervo escucha…Hágase en mí según tu palabra…Para que sigan al Señor como los Apóstoles y los primeros discípulos y, viviendo la cercanía del Maestro durante un tiempo conveniente, lleven a los demás, de palabra y de obra, la Buena Noticia de la Salvación por Jesucristo.