09/03/2019 / 16:22
Antonio Yagüe


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Disputaciones

Del Molino considera que ahora con la crisis del Estado autonómico sería un momento interesante para volver a valorar la provincia como eje vertebrador. 


Los horarios dicen que en Canarias hay una hora menos, pero el 28 de mayo habrá una urna más y más democracia. Sus cabildos serán elegidos por primera vez mediante sufragio universal. El objetivo es acabar con el oscurantismo que rodeaba a estas instituciones y que se mantiene en las 35 diputaciones provinciales hermanas, para muchos hoy símbolo de ineficacia, corrupción y chiringuito político. Darían para una enciclopedia. PSOE, UPyD, ERC y Cs han propuesto en algún momento eliminarlas, pero rectificaron al vislumbrar que son un excelente caladero de empleo para correligionarios e incluso amigos y familiares.

Las provincias, según los historiadores fueron diseñadas en el siglo XIX por Javier de Burgos, bajo el reinado de Isabel II, como un elemento vertebrador muy potente. Se intentó copiar el modelo francés para cambiar una administración feudal, totalmente ineficaz controlada por la Iglesia y la nobleza, por otra nueva dirigida por un Estado liberal que progresivamente fue haciéndose más democrático.

El escritor y periodista Sergio del Molino, con residencia en Zaragoza, pone el dedo en la llaga en su reciente libro Lugares fuera de sitio, magistral como su anterior La España vacía en el tratamiento del fenómeno de la despoblación. Y no solo rural. Sostiene que “las provincias fueron uno de los grandes éxitos de la España democrática, porque en muy pocos años se consiguió transformar esos lugares, muchos deprimentes, decadentes y burgos podridos, en verdaderos focos culturales y lugares muy agradables para vivir”. Pero, advierte, de que eso se está viniendo abajo, porque no son capaces de atraer población joven y que con la mengua de las provincias se pierde la médula cultural del país, lugares importantísimos para entender la historia, cultura e idiosincrasia de España. También perdemos pluralidad y diversidad y caminamos hacia un país más centralista y plano.

Del Molino considera que ahora, con las crisis del Estado autonómico, sería un momento interesante para volver a valorar la provincia como eje vertebrador que garantice el principio de igualdad entre españoles. Ayudaría la elección de las diputaciones por sufragio universal, no mediante el decimonónico sistema-reparto de cargos entre ediles. Bastaría poner una urna más para votar al jefe de la provincia. Ya toca dar a las “disputaciones”, como decía con retranca un señor de mi pueblo, un barniz más democrático.


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