Dolor y solidaridad ante otra tragedia ferroviaria

31/10/2026 - 12:28 Redacción

Poner cara a las víctimas, saber que dos de ellas son de nuestra tierra, incrementa la tristeza, el desazón y la rabia ante el terrible accidente de tren de Urda. Son días de luto nacional para respetar este dolor y a las familias y entornos afectivos. 

Segundo accidente ferroviario en las líneas de alta velocidad en los últimos nueve meses con resultado mortal, algo que resulta absolutamente sorprendente e inadmisible en un país que fue ejemplo y modelo en el mundo por el buen funcionamiento de este servicio público. Estupor, dolor, indignación, frustración e interrogantes de una sociedad que no comprende las constantes negligencias e incidencias de los últimos años en Adif, que sigue sin saber que pasó en Adamuz (Córdoba).

Son necesarias investigaciones y explicaciones a la ciudadanía, asunción de responsabilidades, pero hoy, en jornadas de luto nacional, lo que se impone es el respeto con mayúsculas, la exteriorización de la tristeza por las vidas truncadas por una muerte absurda, sobrevenida y fuera de su momento natural, deseando la completa recuperación de todas las personas heridas. Son días para mostrar el cariño, la solidaridad, la empatía con los familiares y entornos afectivos de todas las víctimas que hoy sufren con desazón la pérdida de alguien querido, de ayudar en la medida, cada uno de lo que pueda, para hacer más llevadera esta situación a los afectados. Es momento, por ejemplo, de donar sangre para atender las urgencias de quienes la precisan a demanda de los propios centros sanitarios que atienden a los heridos.

En Guadalajara la tragedia coincidió con un maratón organizado por la asociación de donantes en el centro San José y se prorrogó el horario, así como en el propio hospital, para facilitar este acto de generosidad de los vecinos, que ha sido notorio y se debe poner en valor. Seguirá haciendo falta de todos los grupos sanguíneos, siendo un pequeño gesto que salva vidas. Es igualmente ocasión para estar orgullosos y agradecidos del buen funcionamiento que tienen en nuestro país los protocolos de emergencia que responden ante cualquier adversidad de manera adecuada y eficiente, así como del comportamiento de la sociedad en general que se vuelca en ayudar con absoluta generosidad y disponibilidad como corresponde al gran país que somos, en el que sus gentes es el mayor de sus patrimonios. Ahora como ocurre con los incendios toca poner el remedio antes que la enfermedad. La política debe empezar o volver a ejercerse con mayúsculas.