Dos pactan si los dos quieren

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

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FERNANDO JAÚREGUI, PERIODISTA
“Claramente, tanto Zapatero como Rajoy han decidido aproximarse a zonas más templadas que las que dominaron en la etapa anterior”.
Casi a la misma hora, el uno en Valladolid y el otro en Barcelona, el líder de la oposición, Mariano Rajoy, y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hablaban de consensos posibles. El segundo intervenía en un foro económico en la Ciudad Condal, y Rajoy hablaba a sus ‘barones’ territoriales en la capital castellano-leonesa. Todo apunta a que la etapa que viene va a ser muy, muy, diferente a la legislatura pasada. Diferente y, déjenme mostrarme optimista por una vez, sin duda mejor.

Zapatero parece, al menos en este cuarto de hora, haber entendido el mensaje: los españoles no quieren crispación, sugieren las encuestas y dicen los resultados de las elecciones del pasado 9 de marzo, y prefieren pactos, acuerdos, consensos, entre las dos grandes fuerzas políticas nacionales. Y es eso lo que, al menos verbalmente, ofrece el presidente del gobierno. Y lo mismo, desde la otra orilla, Rajoy: hará oposición allá donde merezca hacerse, pero apoyará a un gobierno que rectifica, por ejemplo en lo que al trato a dar a ETA se refiere. Claramente, tanto ZP como Rajoy han decidido aproximarse a zonas más templadas que las que dominaron en la etapa anterior. Digamos que hay un cierto viaje al centro por ambas partes: Zapatero, porque parece haber aprendido muchas cosas de los cuatro años anteriores, donde no faltaron los errores por su parte. Rajoy, porque ha iniciado un camino sin retorno en el que su partido va a experimentar aires nuevos; yo diría que quienes en el PP abominan públicamente del centro político tienen la batalla perdida.
Personalmente, este sábado en Valladolid ví a un Rajoy triunfante de sus enemigos, a los que ahora algunos llaman ‘el clan del burladero’, porque varios de ellos aparecían ayer en los periódicos apiñados en una foto en el callejón de la plaza de toros de Las Ventas, bajo un cartel que recuerda que el coso es propiedad de la Comunidad de Madrid que regenta Esperanza Aguirre, una de las máximas ’críticas’ contra Rajoy. Está Rajoy más que seguro de su victoria dentro de tres semanas en el congreso de Valladolid, al tiempo que ve cómo se desinfla el globo de ‘la conspiración’, si es que de eso se ha tratado: parece más improbable que nunca que Juan Costa presente una candidatura alternativa a la de Rajoy, los ’críticos’ se alejan en desbandada, algún comentarista radiofónico que arenga a los contrarios a Rajoy tiene traspies judiciales y la estrategia –si es que la hay—de acoso y derribo al líder gallego parece cada vez más desdibujada. Sobre todo, después de que los ‘barones’ territoriales que son los que tienen votos tras de si, dejasen ayer en solitario a los “cenáculos madrileños” y a su afan conspiratorio, como dijo alguno de estos dirigentes autonómicos del PP.
A Zapatero también le observamos eufórico, más seguro de sí mismo que nunca, con tiempo para todo –hasta para asistir, el sábado próximo, al cumpleaños de una televisión local, leonesa, naturalmente—y que, a falta de sentido del humor, cualidad que no le adorna precisamente, muestra un notable sentido de la ironía. A él le conviene más que siga Rajoy, antes de que el poder de la derecha caiga en la calle, lo que no dejaría de causarle problemas, añadidos al descontento laboral que ya se aprecia por la mala situación económica, en los próximos años de legislatura.
Por eso, yo pienso que Rajoy y ZP están, como siempre, condenados a entenderse. Y lo empezarán a hacer inmediatamente después del congreso ‘popular’, en un encuentro en La Moncloa que ya está diseñado, y en el que se hablará abundantemente de esos pactos que son, simplemente, inevitables, molesten a quien molesten. Financiación autonómica, reforma constitucional, política exterior, inmigración, salidas a la crisis económica, son, nada menos, algunos de los temas que aguardan ahí, sobre la mesa, a que el panorama en el PP se despeje de una vez.