21/11/2021 / 12:01
Antonio Yagüe


Imagenes

Eccehomos

Casi siempre que se acomete una reforma urbana de fuste, tipo Alameda de Sigüenza o Adarves molineses, surgen partidarios, detractores y polémicas entre políticos, expertos municipales y otros más sabios, dónde va a parar.


 Se debate sobre materiales idóneos, peatonalizaciones, ampliación de terrazas, decorativas láminas de agua y otros inventos progresistas en aras a la “humanización”, lo práctico y la nueva estética.

De vez en cuando también saltan revuelos por desatinadas restauraciones de obras de arte, como el Ecce Homo del Santuario de la Misericordia de Borja, en Zaragoza. La voluntad de una sexagenaria de salvar la imagen de un Cristo abandonado se ha convertido en icono mundial de la chapuza, el absurdo y la risa a costa del otro.

El penúltimo alboroto tiene como protagonista la iglesia de Santa María del Castillo en Castronuño (Zamora), donde un vecino todavía desconocido ha parcheado con cemento un retablo pétreo. Se trata de un templo del siglo XIII, declarado Monumento Histórico Artístico en 1962, de estilo románico tardío con influencias góticas muy peculiar en la zona.

No hay que ir tan lejos para recordar auténticos estropicios en nuestros pueblos, aunque sobre monumentos menores. Abundan “arreglos”, a veces con la mejor intención o ante subvenciones (“que tonticos si las perdemos”), en iglesias, construcciones civiles, fachadas, fuentes, castillos, tejados o pavimentos antiguos, merecedores de una antología por escribir.

Figurarían en lugar destacado ermitas con puerta metálica de cochera, ventanas de torres taponadas con rasillas, y lavaderos despojados del techado de vigas y teguillos de sabina por otro férreo, o con bloques de piedra china sustituyendo las losas centenarias donde restregaron la ropa con jabón artesano mujeres de varias generaciones. Siempre con uralita y cemento, mucho cemento, en detrimento de la cal usada desde los romanos.

Las redes y grupos de wasap hacen mofa estos días del pairón a la salida de Herrería dedicado a las Ánimas Benditas. Esta construcción singular, propia del Señorío y pueblos limítrofes de Aragón, ha sido cementada sin gracia ni piedad. Tampoco es la primera. La Diputación ha puesto la guinda con una chapita recordando su aportación económica. Peor el remedio que la enfermedad.


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