El 9-M da la razón a Imaz

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

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Federico Abascal
El nuevo portavoz parlamentario del PSOE deberá mantener unas relaciones estrechas y fluidas con el grupo nacionalista vasco, si al fin se llega a un acuerdo de investidura o de legislatura entre socialistas y PNV. Lo importante ahora es encontrar una fórmula para instalar en el desván de la Historia la hoja de ruta del lehendakari Ibarretxe, a quien apoya el sector más soberanista de su partido.
Esa operación permitiría, y seguramente permitirá, que el llamado sector pragmático, tradicionalmente inclinado a un buen entendimiento, aunque siempre a precio variable, con el Gobierno central devuelva al PNV su papel de bastoncillo de la gobernabilidad.

Se esperaba que el Aberri Eguna fuera el pasado domingo el escaparate de las distintas aspiraciones nacionalistas y que tanto el presidente del partido, Urkullu, como el del Gobierno, Ibarretxe, expusieran sus coincidencias y, en caso de haberlas, sus discrepancias. Y claro que ha habido discrepancias, hasta el punto de que Urkullu pareció envolver el referéndum de Ibarretxe en una dialéctica de embalsamamiento, al proponer al presidente Zapatero un “acuerdo singular” que supusiese un paso de gigante en el autogobierno. Y si ese acuerdo alcanzase altas cotas de soberanía y libertad, vino a decir, Urkullu, si fuera un buen acuerdo, el PNV lo firmaría, pese a quien pese, sea a ETA, a Eusko Alkartasuna, al sindicato ELA, “a quien sea”. Y en ese “quien sea” podría verse incluido el sector soberanista que no habría interpretado correctamente el resultado del PNV en las recientes elecciones generales.

Urkullu no es Imaz obviamente, pero el 9-M le ha proporcionado al actual presidente del PNV argumentos de los que su antecesor Imaz careció en su empeño de evitar que el partido siguiera la, para él, disparatada galopada hacia el independentismo, por mucho barniz confederal que le diera. Pero la pérdida de más 117.000 votos el 9-M, y la mayoría en las tres provincias vascas, indicaría que el soberanismo empecinado de Ibarretxe tiene un respaldo social reflejado el términos negativos. Lo cual no significa que Urkullu vaya a recuperar al pie de la letra las orientaciones de Imaz, pero tampoco que vaya a desviarse mucho de ellas. Imaz se retiró para no romper el partido, en el que el sector Ibarretxe/Egibar enseñaba una musculatura de cíclopes. Pero el fracaso electoral de hace dos semanas, unido al menor, pero cotejable, de las últimas elecciones autonómicas, cuando ya el plan Ibarretxe había sido rechazado en Madrid por el Parlamento español, hace pensar que algunas razones de Imaz deberían recuperarse. Y Urkullu, aunque en su estilo, parecía en el Aberri Eguna estarlas recuperando.

Ibarretxe no se baja de su proyecto soberanista, pero lo defiende ya en discursos más cortos –el pasado domingo fue muy breve- y sin recordar que su referéndum tenía fecha fija en el próximo octubre. Ahora empieza a hablar del año en curso y del siglo XXI, lo que disipa cualquier sensación de premio político. Y es que en dos sectores nacionalistas se habrían dado cuenta de que es el PNV el que necesita pactar con el PSOE y el Gobierno, y no éstos con el PNV. Frenazo, pues, a Ibarretxe camino del monte.