El antiguo recinto ferial del parque de la Concordia
Según consta en el archivo municipal de Guadalajara, el primer recinto ferial de las Ferias y Fiestas de Guadalajara data del año 1919.
En un Bando Municipal emitido por el alcalde de la ciudad en aquella época, Vicente Pedromingo de la Riva, se ordenaba que todos los puestos de atracciones feriales se instalasen a lo largo de la Calle Mayor y en el descampado del parque de la Concordia.
Fue en 1929 cuando el alcalde, Federico Aragón y Sosa, decidió que todas las atracciones se instalasen en el interior del parque de la Concordia. Los técnicos municipales elaboraron un plano del lugar en el que se indicaba la colocación de los puestos de los feriantes. En dicho plano la parte central del parque se reservaba para las barcas voladoras, los tiovivos, los carruseles y un pequeño circo. En la zona llamada como Paseo de los Curas, próxima a las escaleras de la calle de la Carrera, se instalaban las churrerías, los puestos de frutos secos y las casetas de espectáculos.
Este recinto ferial permaneció instalado hasta las ferias y fiestas de otoño de 1935, ya que a partir de 1936, como consecuencia de la Guerra Civil, quedaron suspendidas las ferias y fiestas de Guadalajara. Una vez reanudadas en 1939, el alcalde, Pedro Sanz Vázquez, llegó a un acuerdo con los feriantes para que todas las atracciones festivas se colocaran en el paseo de las Cruces, para dar realce a los festivales taurinos que se celebraron en la plaza de toros. En el paseo del doctor Fernández Iparraguirre, el recinto ferial permaneció hasta 1950. Al año siguiente todas las atracciones de los feriantes regresaron de nuevo al parque de la Concordia.

Fueron momentos de mucho esplendor en las Ferias y Fiestas de Guadalajara, ya que aparte del recinto ferial de la Concordia se instaló en la explanada de la fundación Adoratrices, la feria de muestras en la cual los comerciantes industriales de Guadalajara exponían en casetas los productos y elementos de maquinaria que tenían en sus fábricas. Destacaban la maquinaria del empresario Agustín de Grandes, los famosos Mielitos del empresario Manuel Rodríguez, así como las oficinas portátiles bancarias de la Caja Provincial de Guadalajara y de la Caja de Ahorros y Monte y Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, hoy llamada Ibercaja.
Dentro del recinto ferial de la Concordia destacaban las enormes tómbolas con jugosos regalos, las casetas de escopetillas y los numerosos bares ambulantes que compartían espacio con el bar Remo, el cual permanecía abierto durante todo el año.
En la zona central del parque se instalaba el tren de la bruja, una enorme noria con vistas preciosas de la ciudad en su zona alta, la atracción circular de las motocicletas de la muerte y al final del paseo la enorme pista de los autos de choque, los cuales permanecían durante bastante tiempo una vez finalizada la semana festiva. Junto al asilo de ancianos se colocaba el teatro Chino ambulante de la empresaria Manolita Chen, el cual hacía las delicias de la gente más adulta a través de actuaciones musicales y números de variedades muy atrevidos.

Las ferias y fiestas de 1977 fueron las últimas del recinto ferial de la Concordia. En agosto de 1978, el alcalde, Agustín de Grandes, firmaba un acuerdo con las Religiosas de la Comunidad Adoratrices para la cesión de una amplia parcela que se utilizaría como recinto ferial a partir de ese mismo año. Curiosamente se añadió una cláusula para que en el interior del recinto no se instalaran atracciones que atentaran contra la moralidad cristiana. De esa forma el Teatro Chino tuvo que instalarse fuera del recinto ferial, en unos terrenos cercanos en los que con el paso del tiempo en los mismos se construyó el desaparecido auditorio municipal.