El beso

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

RAFAEL TORRES
Las previsiones económicas que acabar de publicar la OCDE han seguido a las que hace unos días emitió el FMI. Las que se refieren a España no son nada positivas en la medida en que desautorizan las previsiones de Solbes.
Pero tampoco resultan demasiado negativas en referencia al crecimiento en el resto de Europa. Desde luego manifiestan que, en poco tiempo, respecto de las previsiones hechas en mayo pasado, se ha producido un ligero deterioro de la situación económica global. Puede ser debido a la rápida subida del precio del crudo o al desorden en divisas al resolverse la incógnita electoral en los EEUU o al exceso de optimismo o a la mala medición/calidad de los indicadores económicos o a que los analistas saben interpretar mal los números. Lo malo es que ha aumentado la probabilidad que estas nuevas previsiones que ahora se hacen se incumplan a su vez debido al exceso de incertidumbres existente.
Las previsiones muestran una economía mundial a tres velocidades: un crecimiento fuerte pero indeciso en los EEUU, una desaceleración evidente en la UEM y sin cambios para la recesión japonesa. Dos motores parados y uno chungo. Si se hiciera ahora una encuesta habría una leve mayoría de los que creen que en el próximo futuro va a producirse una recuperación lenta pero sostenida y sin inflación. Son los optimistas, que afirman que la suave caída de la actividad ha sido provocada por miedos psicológicos y por la inquietud existente acerca de la terapia para curar el doble déficit de los EEUU.
Pero no existe mucha confianza sobre ese escenario. Es un hecho, que muestran las encuestas de opinión, que ha aumentado el clima agobiantemente pesimista de empresarios y consumidores.
La decisión de la Comisión Europea de reformar las normas del Pacto de Estabilidad elimina una restricción al crecimiento. Facilita pero no garantiza la recuperación económica y, mucho menos, que sea estable y sana. Será una medida popular, que desautoriza al BCE, porque la gente lo que quiere es crecimiento y empleo estable y le da lo mismo que dentro de un tiempo vuelva la inflación.
Haría bien el Gobierno español en aprovechar la ocasión porque, de los tres pilares clásicos del crecimiento económico español (la vivienda, el automóvil y el turismo), el primero se sustenta sobre una burbuja de precios y los dos últimos mantienen tasas negativas de crecimiento en actividad. diplomacia. En este dilema está implícito el buen sentido del propio Gobierno.diplomacia. En este dilema está implícito el buen sentido del propio Gobierno.diplomacia. En este dilema está implícito el buen sentido del propio Gobierno.