El BM Guadalajara despide entre emoción a Marcos Dorado y Haitz Gorostidi tras cinco años que ya son historia del club
Emoción a flor de piel, lágrimas a punto de derramarse y sobre todo muchas palabra de agradecimiento. Asi ha sido la despedida pública de dos de los baluartes del Sanicentro BM Guadalajara durante los últimos cinco años: Marcos Dorado y Haitz Goristidi. Ambos ya forman parte de la identidad del vestuario alcarreño.
En el acto estuvieron el presidente del club, Alejandro Ortiz, el director general, Javier Palacios, y el entrenador Juan Carlos Requena. Pero sobre todo estuvieron los recuerdos: los viajes largos, las lesiones, las victorias sufridas, las derrotas que duelen y ese vestuario que, con el paso del tiempo, se convierte en algo muy parecido a una familia.
“Cinco años no son cualquier cosa”
Alejandro Ortiz abrió la despedida con una mezcla de orgullo y emoción difícil de disimular. “Hoy es un día especial y también difícil para el club. Cinco años no son una etapa cualquiera… son muchos entrenamientos, muchos viajes, muchas alegrías y también momentos complicados”, recordó.
El presidente quiso ir más allá del jugador: “Se van como jugadores, pero se marchan siendo ya dos alcarreños más. Y eso, para nosotros, vale muchísimo”.
Hubo palabras especialmente sentidas para ambos. De Dorado, destacó su papel como uno de los pilares defensivos del equipo, un jugador de esos que no siempre salen en la foto pero que sostienen al grupo. De Gorostidi, subrayó su crecimiento desde aquel chico que llegó con 20 años hasta convertirse en un jugador hecho y derecho, con el cariño de todo el vestuario. “Nos duele muchísimo verle marchar. Ha sido un hijo más”, confesó Ortiz, sin rodeos.
Requena
El entrenador Juan Carlos Requena también intervino en la despedia. Y quizá fue el más sincero en lo más simple. “Hoy despedimos a dos jugadores que han sido piezas fundamentales en la historia del club, tanto en lo deportivo como en lo personal. Me llevo un vínculo con ellos que va mucho más allá del balonmano. Solo puedo darles las gracias por estos años. Nos han enseñado mucho… a mí el primero”.
Dos despedidas, dos maneras de decir adiós
Cuando les llegó el turno, el silencio pesó más que las palabras. Marcos Dorado, el pivote gallego, habló con esa mezcla de orgullo y cansancio que dejan los años duros. Se acordó de las lesiones, del trabajo fuera de la pista, de los días en los que había que seguir aunque el cuerpo dijera lo contrario. Pero sobre todo habló de gratitud.
“Querida familia morada… hoy toca despedirse después de cinco años luchando por estos colores. No ha sido un camino fácil, pero siempre he intentado dar lo máximo. Me siento orgulloso de haberlo compaginado con el trabajo, de haber dejado todo en la pista. Esto no habría sido posible sin mis compañeros, el cuerpo técnico, la directiva y la afición. Mi corazón siempre será morado. Dejo de jugar, pero seguiré animando desde la grada”.
Gorostidi, por su parte, no pudo esconder la emoción. A veces incluso costaba seguirle el hilo entre recuerdos y agradecimientos. “Hoy me toca despedirme de Guadalajara, del equipo que me ha dado la oportunidad de hacer mi sueño realidad. Pero sobre todo de las personas que me han hecho sentir en casa desde el primer día en el David Santamaría”, dijo.
Se acordó de todos: compañeros, entrenadores, trabajadores del club, directiva y afición. Pero sobre todo de aquel chico que llegó con 20 años y que, según él mismo, no habría imaginado todo lo que viviría aquí.
“Gracias por hacerme sentir parte de esto. Me llevo un pedazo de todos vosotros”, cerró.
Entre abrazos, miradas largas, con la presencia de algunos de los compañeros de los dos como Juan Jódar y José Luis Román y de otro que lo fue en años anteriores, Alberto Serradailla, el Balonmano Guadalajara cerró una etapa. Dorado y Gorostidi se van, pero no del todo. Porque en este deporte –y en este club– hay jugadores que no se despiden del todo nunca.
Se van de la pista, pero se quedan en la memoria de un vestuario que, por unos años, también fue su casa.
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