El campo de Guadalajara no puede más: el oligopolio nos ahoga y los costes nos acorralan
Ser agricultor en Guadalajara, en Castilla-La Mancha, en el otoño de 2026 significa levantarse cada mañana mirando al cielo, y ahora también mirando al indicador del surtidor del gasóleo. Puede parecer una broma, pero bromas las justas cuando hablamos de estos temas.
Ser agricultor y ganadero en esta provincia significa echar cuentas y ver cómo el trabajo de todo un año vuela antes incluso de recoger la cosecha. La realidad que vivimos las explotaciones familiares de nuestra provincia no es una cuestión de estadísticas; es una asfixia diaria que amenaza nuestra supervivencia. Lo llevamos diciendo mucho tiempo, el lema «precios justos» es histórico de UPA, desde hace años nos movilizamos contra los elevados costes de producción, siempre por causas ajenas al sector.
Estos costes de producción nos tienen contra las cuerdas. Cultivar en Guadalajara se ha convertido en una actividad de riesgo financiero, me permitís este juego de palabras. Al precio del gasóleo, que ya se suma al coste inasumible de los fertilizantes, las semillas, la maquinaria y la energía eléctrica, le tenemos que apuntar como otra barrera más que nos impide ser productivos en nuestro trabajo. Producir alimentos hoy cuesta más que nunca, mientras que los precios que percibimos por nuestros productos siguen sin garantizar la rentabilidad de las explotaciones.
Pero es que, además, en nuestra provincia acumulamos otros graves problemas que profundizan esta crisis: el impacto severo del cambio climático y la sequía, los daños constantes ocasionados por la fauna silvestre en nuestras parcelas, la burocracia, entre otros.
Frente a esta tormenta perfecta, resulta intolerable ver cómo unos pocos hacen el gran negocio de su vida a costa del sudor del campo y del bolsillo de la ciudadanía. Estamos ante una escalada de precios de los productos petrolíferos sin precedentes, mientras las empresas energéticas se forran.
A ver, si sube el coste de la materia prima, las empresas energéticas podrían adecuar sus márgenes comerciales para no machacar al consumidor, no llevarse por delante a los agricultores. Ocurre justo lo contrario. Petroleras que multiplican sus beneficios de forma indecente, logrando incrementos netos de más del 600 % en sus resultados. No han ganado más dinero porque hayamos consumido más —el consumo apenas ha variado un 1 %—, sino porque nos están cobrando márgenes desorbitados e injustificados.
Desde UPA no nos vamos a quedar de brazos cruzados, ya nos movilizamos en Puertollano y nos seguiremos movilizando hasta que consigamos que los responsables nos escuchen realmente.
Llevamos meses manteniendo conversaciones y negociaciones con la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, con la Consejería de Desarrollo Sostenible de Castilla-La Mancha y con el Ministerio de Agricultura. Nuestro objetivo es firme y claro: arrancar el máximo número de acuerdos, compromisos e inversiones de cara al futuro que permitan aliviar la presión sobre el sector, garantizar precios justos en el origen, flexibilizar las exigencias normativas y dotar a nuestras explotaciones de las herramientas necesarias para modernizarse y sobrevivir.
Exigimos la aplicación contundente de las inspecciones y del régimen sancionador que contempla el Real Decreto-ley 25/2026 frente a los abusos del sector energético. Queremos que la CNMC investigue con lupa la formación de precios y que las rebajas fiscales lleguen íntegras a quien trabaja la tierra y no se queden por el camino.
Del mismo modo exigimos el cumplimiento inequívoco de la Ley de la Cadena Alimentaria, es de justicia.
El Agro es el motor de la economía castellano-manchega, fija población, sostiene el medio ambiente y alimenta nuestra sociedad. Si agricultores y ganaderos deja de existir nuestra civilización tal y como la conocemos.