El campo necesita soluciones, no etiquetas


En las últimas semanas se han vertido distintas opiniones sobre APAG y sobre las reclamaciones que hemos venido defendiendo en relación con las limitaciones impuestas a la actividad agrícola durante la campaña de cosecha. Las opiniones son legítimas. La crítica forma parte de una sociedad democrática. Pero también lo es responder cuando esas opiniones proyectan una imagen que no se corresponde con la realidad de nuestra organización ni con el trabajo que realizamos desde hace casi cincuenta años.

APAG nació con un único objetivo: defender los intereses de los agricultores y ganaderos de la provincia de Guadalajara. Ese sigue siendo nuestro único compromiso. No respondemos a intereses políticos ni actuamos como correa de transmisión de ningún partido. Nuestra única obligación es con nuestros cerca de 3.000 socios, personas de sensibilidades muy diferentes que comparten una misma preocupación: poder desarrollar su actividad profesional en condiciones justas.

Quienes conocen nuestra organización saben que el trabajo de APAG no consiste únicamente en alzar la voz cuando surgen problemas. Cada día un equipo de profesionales atiende expedientes, asesora explotaciones, resuelve incidencias, tramita ayudas, acompaña a agricultores y ganaderos y defiende sus intereses ante las distintas administraciones, independientemente del color político de quienes gobiernen.

Por eso resulta especialmente injusto descalificar como "esperpento" las movilizaciones protagonizadas por agricultores que ejercían un derecho constitucional para defender su medio de vida. Manifestarse nunca debería ridiculizarse. Puede compartirse o no el motivo de una protesta, pero merece el mismo respeto que cualquier otra reivindicación social. Además, conviene recordar que aquellas concentraciones no fueron semanas de protestas, sino dos jornadas convocadas a petición de nuestros propios asociados.

Nuestro desacuerdo con el actual sistema del Índice de Propagación Potencial (IPP) tampoco responde a ninguna contradicción, como algunos han querido hacer ver. Desde el primer momento hemos defendido exactamente la misma posición: los índices deben reflejar la realidad del riesgo existente. Si una herramienta genera restricciones que no se corresponden con las condiciones reales del territorio, debe revisarse.

De hecho, durante esta misma campaña hemos podido comprobar cómo el propio sistema ha sufrido modificaciones en un mismo día, lo que evidencia que existe margen de mejora. Nuestra propuesta siempre ha sido clara: que Castilla-La Mancha utilice criterios objetivos y contrastados, similares a los que emplean otras comunidades autónomas, apoyándose en los datos meteorológicos oficiales de AEMET para determinar el riesgo de incendios. No pedimos menos seguridad; pedimos mejores herramientas para proteger el monte sin imponer limitaciones desproporcionadas a quienes trabajan en el campo.

También nos preocupa profundamente la facilidad con la que, en ocasiones, se señalan culpables antes de que existan conclusiones oficiales. La presunción de inocencia no puede depender del oficio de una persona. Cuando alguien es señalado públicamente antes de que se conozcan los hechos, no solo se perjudica a esa persona, sino que se alimenta un clima de desconfianza hacia todo un colectivo profesional que vive precisamente de cuidar el territorio.

Mientras se suceden los debates y las descalificaciones, nuestros agricultores se han arriesgado y dejado la piel colaborando a parar éste y otros incendios y ahora se enfrentan a las consecuencias. Hay explotaciones que han perdido cosechas, ganaderos que han visto afectados sus pastos y han perdido animales y agricultores que han tenido que sacrificar parte de su cosecha para crear cortafuegos y evitar daños mayores. Esa es la realidad sobre la que ahora trabajamos, para dar soluciones.

En APAG seguiremos defendiendo a nuestros agricultores y ganaderos con la misma firmeza con la que lo hemos hecho durante casi medio siglo. Lo haremos desde el respeto, con argumentos técnicos y profesionales, con voluntad de diálogo. Porque creemos que las discrepancias enriquecen el debate cuando se sustentan en datos y no en descalificaciones.

El campo necesita soluciones, sin etiquetas. Necesita rigor, serenidad y administraciones que escuchen a quienes trabajan diariamente sobre el terreno. Como se ha dicho estos días, el campo no es parte del problema, sino de la solución. Ese seguirá siendo nuestro compromiso y nuestra responsabilidad.

Defender al campo no puede convertirse en motivo de descalificación. No nos van a callar