El Carmen

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

EL COMENTARIO
Enrique G. Jordá - Periodista
SEn la mitad del mes de julio aparece en el calendario estival una de las festividades más arraigada en el territorio español y más antigua en el mundo cristiano, la Virgen del Carmelo, Nuestra Señora del Carmen, o también llamada “Estrella de los Mares”.
La literatura y la música, entre novelas, poesías, libretos y óperas, han dado a conocer su nombre al mundo entero con una fuerte connotación española. Y es que, llamarse Carmen, es muy español. Nadie lo discute. Y no únicamente por sus vínculos artísticos y cigarreros. La devoción a la Virgen del Carmen, se extiende por todo el país, en todas sus comunidades, autonomías, y en todas sus lenguas. Es una realidad. Igualmente también se festeja el día de hoy, en muchas poblaciones de países del centro y sur del continente americano como: Puerto Rico, Colombia, Perú y Chile, de la que también es patrona, y en otros muchos lugares del mundo.

Aunque el origen de su culto proviene del Monte Carmelo, en Israel, y de los ermitaños, peregrinos o cruzados que habitaban sus grutas hace mil años, su conocimiento cruzó fronteras, y sobre todo mares y océanos. Los marineros, antes de la reciente aparición de la tecnología, dependían de las estrellas para navegar y marcar el rumbo. El ponerse bajo la protección y el amparo de la Virgen del Carmen en medio de mares y océanos, fue relevante para extender su fervor. Virgen eminentemente marinera, la “Stella Maris”, es fiel protectora del gremio de los pescadores y es la Patrona de la Marina Española, por lo que es homenajeada en multitud de pueblos costeros de España.

Siempre recordaré la primera impresión, en un pueblo de la costa mediterránea, cuando contemplé una ordenada romería, pero de embarcaciones. Un buen número de barcos formaba la procesión. En el centro, y en uno significativo, un pequeño altar y la imagen de la Virgen del Carmen meciendo su genuino escapulario. Todos los barcos que acompañaban la comitiva estaban adornados con luces y guirnaldas, y en una de las naves, una pequeña banda de música acompañaba el instante. Una visión realmente entrañable y espectacular.

Su advocación, fundamentalmente en los momentos de peligro, introdujo su religiosidad y veneración en muchos puntos del interior peninsular. En Guadalajara se la recuerda en muchos lugares, con bellas e importantes tallas, especialmente en los conventos carmelitanos, pero es en el Señorío de Molina, donde encontramos su fiesta más relevante. Felicidades a los molinenses por continuar entre banderas y “cangrejos” una tradición mariana, esta vez, de marineros de agua dulce.