15/06/2019 / 20:57
José Serrano Belinchón


Imagenes

El colosal mosaico de Noheda

Un tractor, arando por aquellas vegas de junto al pueblo, levantó centenares de pequeñas piedras de vivos colores. 


La de Cuenca es una provincia romana por excelencia, o al menos lo puedo ser durante siglos en la Hispania de los césares. Tres ciudades de tiempos del Imperio son testimonio de ello: Ercávica, Segóbriga y Valeria. Las tres muestran al descubierto el importante muestrario de lo que en lejanos tiempos debieron ser, y el goteo de visitantes y estudiosos ha sido una constante durante los último cincuenta o sesenta años, de lo que puedo dar fe.

            Más hacia el momento actual, diez años más o menos, se ha añadido un nuevo nombre:  Noheda, pueblecito de doscientos habitantes, anexo a Villar de Domingo García, y a sólo ocho o diez kilómetros de distancia de la capital, junto a la carretera de Guadalajara o de los Pantanos. Allí habitó, hace diecisiete siglos, un ricachón a cuyo entorno le pertenecían, en no menos de diez hectáreas, de quien hay constancia le traían los vinos desde Siria, habida cuenta que los de la Alcarria  Conquense nos estaban hechos para su paladar.

     Un tractor, arando por aquellas vegas de junto al pueblo, levantó centenares de pequeñas piedras de vivos colores, partículas de las teselas que se emplean en los mosaicos. Con los consabidos permisos se empezó a excavar en el subsuelo, y así se descubrió un mosaico de extraordinarias proporciones (Casi 300 metros cuadrados de superficie) y centenares de fragmentos de esculturas en mármol, importado de Oiriente o de Carrara, donde aparecían figuras de Dionisios, de Venus o de Los Dioscuros.

            Un muestrario inexplicable de opulencia, que en Noheda viene a significar la expresión de la mayor riqueza. La construcción ocupaba diez hectáreas, y solo el triclínium tenía una superficie próxima a los 300 metros cuadrados. Todo hace pensar que el dueño de aquella descomunal hacienda estuviese directamente relacionado con el emperador Teodosio, o cuando menos contase con un nombre puntero dentro de la alta aristocracia de la Hispania del siglo IV.

            Ni qué decir que somos muchos los que quedamos a la espera de la apertura al público de la nueva instalación, que la Junta quiere que se haga en fechas próximas. El alcalde quiere que coincida con la nueva campaña de trabajos arqueológicos del verano, en la que entra el descubrimiento de la sala de recepción de la villa, casi siempre de mayor superficie que el triclínium o comedor, donde se encuentra el mosaico colosal, a al descubierto, y donde es posible haya que hablar de otro mosaico y de cuantas sorpresas más.


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