El Corredor del Henares se rinde a Lope de Vega y al rock de Chanzo
El silencio escénico tradicional del Corral de Comedias de Alcalá de Henares se ha roto esta tarde. Sobre el escenario de este emblemático espacio, por el que pasaron las obras de los grandes autores del Siglo de Oro, la banda madrileña Chanzo y la 404 ofreció un directo donde el rock contemporáneo convivió con influencias musicales muy diversas.
La cita comenzó con el público sentado tras los avisos habituales de apagar los teléfonos móviles. En las gradas se dieron cita unas trescientas personas en un ambiente marcadamente familiar, donde la edad de los asistentes más veteranos triplicaba la de los jóvenes. Sin embargo, la intensidad del grupo cambió el rumbo de la tarde. A medida que avanzaba el repertorio, los espectadores se levantaron de sus asientos para corear los temas con los brazos en alto y las linternas de sus teléfonos encendidas.
El grupo busca su propio nicho en el mercado mediante una fórmula que escapa de los clichés habituales del indie. Aunque su sonido crudo de guitarras, bajo y batería recuerda a bandas como los Ramones, The Clash o Carolina Durante, sus canciones integran de forma directa la rítmica del reguetón, las estructuras del pop estadounidense y la herencia popular del pasodoble de orquesta, asegura el cantante, Víctor Fernández Jiménez, conocido artísticamente como Chanzo. Esta mezcla define la personalidad de una formación que empieza a pisar fuerte en el Corredor del Henares.
"Con lo que representa este teatro, nuestra meta era presentarnos como una banda profesional y ya formada", asegura el vocalista. "Nos da igual que sean niños, personas mayores o jóvenes de nuestra edad; lo que queremos es conectar". Y a buen seguro que lo lograron.
El directo se apoyó en un bloque instrumental sólido y equilibrado. En la base rítmica, Jaime Crisóstomo aportó una pegada firme y precisa desde la batería, mientras que el bajista Ángel Gómez-Lobo se distinguió por su oído rítmico y su entrega constante. La solvencia técnica en las guitarras corrió a cargo de David Domínguez, un joven músico que sorprendió al público por su destreza en los solos, y de Chanzo, líder que da nombre a la banda. El principal contraste melódico llegó a través de Patricia, encargada de unos coros de corte angelical que suavizaron la contundencia de las canciones.
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Durante la actuación sonaron una quincena de temas, algunos de ellos formarán parte de su primer EP, previsto para finales de año. En su repertorio destacaron canciones como Algo más, Barbie de Barrio y Mis ídolos, una pieza que aborda la falta de referentes de su generación. Las letras se centran de forma directa en problemas cotidianos de la juventud actual, la precariedad y la saturación informativa.
Chanzo y la 404 demostró que las barreras generacionales se diluyen cuando la propuesta musical tiene identidad propia. Los integrantes del grupo apenas superan los 25 años y, aunque el marco histórico imponía respeto, se ganaron el derecho a formar parte de la historia del recinto. A buen seguro estos jóvenes no han salido de copas con Lope de Vega, pero si el autor madrileño hubiese asistido a la velada, habría bajado del palco para irse con ellos de tabernas y celebrar que el teatro clásico y el rock actual se entienden a la perfección.
