El deporte como educación cívica

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

El comentario
Teodoro Alonso Concha
Que el deporte es algo saludable y beneficioso para el cuerpo y para la mente, creo que nadie lo pone en duda. Además de eso, sostengo que puede ser escuela de educación moral y cívica..
Trataré de mostrarlo a propósito del triunfo del equipo español de fútbol en los campeonatos europeos y de Rafa Nadal en el torneo de Winblendom.

Creo que cuando contemplamos los deportes no hay sólo una simple exhibición de jugadas suministradas por intereses comerciales, que nosotros consumimos pasivamente. Tiene mucho de eso, pero también es algo que se vive, como se vive la tragedia y la comedia, cuando se representa en escena. Los griegos lo descubrieron y lo practicaron en sus teatros y estadios hace siglos y nosotros seguimos haciéndolo. Consideraban que ambas cosas, el teatro y los deportes, eran escuelas de educación y ciudadanía. En la época romana el estadio y el teatro degeneran en circo, con espectáculos embrutecedores, un riesgo y corrupción siempre posible, también en la actualidad.

En la contemplación del juego se vive la intensidad de lo que acontece, lo impredecible del resultado, la lucha entre los rivales, la celebración del éxito. Nos hacen partícipes de su gozo y vicariamente lo vivimos también. La identificación funciona sobre todo si es uno de los nuestros, por nacionalidad, o por ser de nuestro equipo favorito.

El equipo español de fútbol ha dado ejemplo admirable de inteligencia y ejercicio táctico al servicio del éxito, con un juego ágil en el centro del campo distribuyendo las tareas y el papel de cada uno. No se trataba ya de la furia española de los viejos tiempos, como si ella pudiera suplir las deficiencias, sino de inteligencia, preparación , táctica, espíritu de grupo, voluntad férrea, constancia y confianza en el “Podemos”.La gente se ha sentido identificada con estas virtudes y en el fútbol ha visto reflejados valores que podemos trasladar a otras tareas colectivas, espejo de otra España que comienza a sentirse moderna y segura.

Nadal estuvo épico luchando durante cuatro horas y media hasta conseguir su triunfo sobre el helvético en Winblendom. Como un héroe olímpico, digno de los versos de Píndaro, sin asomo de hybris, que los dioses justamente castigan, pero con las virtudes a escala de los humanos más excelentes: constancia, entrenamiento, tesón, resistencia ante la adversidad, confianza en sí mimo, respeto por el adversario, saber aprovechar las oportunidades, reflexión y preparación ateniéndose a un plan meditado, sin ceder al desánimo jamas y con la esperanza del triunfo que la fortuna reserva, no a los audaces, sino a los mejores en virtud y excelencia conquistada, nunca regalada.

En ambos casos los entrenadores han sido muy importantes, no sólo en la preparación física y psicológica de los deportistas, sino, aun sin saberlo, como educadores en virtudes morales y cívicas. Unos buenos profesores de Educación para la Ciudadanía.