El día de después

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

EL COMENTARIO
Teodoro Alonso Concha
El Dos de Mayo es el día en el que se conmemora la sublevación del pueblo de Madrid contra los franceses. Fue el origen de la llamada guerra de Independencia y punto de partida del paulatino y difícil cambio del Antiguo al Nuevo Régimen, del absolutismo monárquico al establecimiento de la idea de la nación española como depositaria de la soberanía.
Fecha por tanto muy importante y que es el motivo de uno de los cuadros de Goya, presente en la gran exposición del Museo del Prado, montada para conmemorar el segundo centenario del histórico acontecimiento.

Al lado de ese cuadro hay otro que se refiere al día de después, en el que tuvieron lugar los fusilamientos del Tres de Mayo. Es uno de los cuadros más famosos e importantes del gran pintor. Los dos cuadros están expuestos uno al lado del otro y se complementan admirablemente..

En el primero de los cuadros, titulado también “La carga de los mamelucos”, se representa la lucha del pueblo madrileño contra los mamelucos, un cuerpo de ejército reclutado en Egipto por Napoleón, comandado por un militar francés. El cuadro fue pintado en 1814, seis años después, pero no hay en él grandeza o mitificación heroica del pueblo sino una violencia sangrienta desatada de forma desordenada y cruel. Los caballos en el centro del cuadro vuelven sus cabeza hacia el espectador como atónitos testigos de la furia de los humanos, entre gentes de pueblo, elementales y bárbaros por ambos lados, los mamelucos al servicio del francés y los madrileños sin jefe que les guíe.

El cuadro del día de después, el de los fusilamientos, es aleccionador: el pueblo aguerrido de la revuelta se amontona de manera informe, algunos ya asesinados sobre un charco de sangre,otros prestos al sacrificio, aterrorizados o sumisos. Solo el hombre de la camisa blanca alza sus brazos en cruz horrorizado pero desafiante. Las victimas nos miran de frente, el pelotón de fusilamiento está de espaldas al espectador, esos sí marciales, ordenados y en pié.

Un gran farol de formas geométricas ilumina la escena en medio de la noche sombría: podemos interpretar que representa la luz de la razón que da cuenta del horror de esta y de todas las guerras, pero que cuando guía y ordena la acción, como en el caso de los soldados, es para matar y someter. La Ilustración se resume en la confianza de que la razón guíe los pasos de los humanos, desterrando la ignorancia, el fanatismo y la tiranía. Goya fue un decidido partidario de la misma, pero también un hombre lúcido, consciente de las enormes dificultades, obstáculos y limitaciones de esa aspiración. Los grabados que acompañan a la exposición de los cuadros lo ejemplifican de forma genial.