11/05/2020 / 10:44
Redacción


El ejemplo de empresarios y trabajadores

La pasada semana acordaron la necesidad de mantener los llamados ERTE que significa la protección del empleo de unos tres millones de personas en España.


La mitad de la población inicia este lunes la fase 1 de la transición hacia la denominada nueva normalidad. Ello supone avanzar un poco más en la movilidad de los ciudadanos y en la apertura de la actividad económica en ese proceso lento, gradual y atento a la evolución de una epidemia que ya ha causado un impacto demoledor en las cifras del paro y en la tesorería de muchas empresas que precisarán de ayuda pública para hacer frente a sus costes y afrontar la recuperación de su día a día. La realidad es distinta en cada sector y la activación será más laboriosa en unos que en otros, pero la contracción de la economía y el escenario de incertidumbre  perjudicará a todos durante meses. Ante esta realidad lo sensato es sentarse, buscar puntos de encuentro y defender juntos intereses fundamentales. Y en el caso del mundo del trabajo el principal objetivo es que las empresas puedan continuar desempeñando su función porque sólo abiertas y operativas salvaguardan empleos. Así lo han entendido empresarios y sindicatos y, cada uno desde su perspectiva, están llegando a acuerdos concretos en las respectivas empresas,  y más generales en el ámbito de la negociación que mantienen a tres bandas, incluyendo al Gobierno, donde se han emplazado a celebrar una reunión mensual para evaluar la situación en cada momento. La pasada semana acordaron la necesidad de mantener los llamados ERTE que significa la protección del empleo de unos tres millones de personas en España, en principio condicionados al final del estado de alarma, pero cuyos efectos positivos para unos y otros se extenderán hasta el 30 de junio. Llegado ese día, con el verano encima, la mayoría de las empresas no habrá recuperado su ritmo  ni tendrá los ingresos precisos para subsistir y entonces seguirán estudiando como preservar su salud, la del tejido productivo, como mejor forma de cuidar el trabajo y los derechos de sus empleados. Solo unidos en torno a ese fin, el de seguir adelante, conseguirán revitalizar la economía y mantener buena parte del empleo. Sirva su responsabilidad como ejemplo a la clase política. Es cierto que empresarios y trabajadores se juegan sus garbanzos, su modo de vida, y los políticos anteponen encuestas y  ambiciones  al interés general, pero deberían tomar nota porque la sociedad civil quiere pactos, soluciones y no peleas y se está hartando.  


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