El lapsus del terremoto
01/10/2010 - 09:45
ARTÍCULOS
FEDERICO ABASCAL
Zapatero se muestra precavido porque Rajoy es un rival difícil y esto está por ganar, es decir, no está ganado, decía ayer a los periodistas que le siguen en la campaña. Prudencia de ZP en las últimas horas de la porfía electoral, y el adelanto condicionado (condicionado a su victoria) de que la próxima legislatura será de convivencia, sosiego y tranquilidad. También Rajoy pasea su convencimiento de que va a ganar las elecciones, y apostando a las cartas de mayor riesgo, como la reiterada acusación de que el presidente Zapatero ha agredido a las víctimas del terrorismo.
Tal vez por el cansancio mental que a todo hombre inteligente le produce el recitado monótono de las mismas argumentaciones durante dos semanas, ayer cayó el candidato popular en un lapsus linguae que admite diferentes interpretaciones. En una entrevista radiofónica, y preguntado por cómo iba a pasar el día siguiente, el 10-M, respondió que en el partido, celebrando la victoria; si no, ya veremos qué pasa en el supuesto de que haya un terremoto el día 14, oiga, yo qué sé, ya veremos
. Cabe pensar que tan clavada está la fecha del 14-M (del 2004) en el corazón del PP, que Rajoy mencionó el día 14 queriendo referirse al 9, al 9-M, y considerando un terremoto su derrota en las urnas.
Pero algún observador político interpretaba a media tarde que Rajoy, además de no confiar ciegamente en su victoria, desconfiaba de la reacción de su partido en caso de nueva derrota electoral, anticipando un posible terremoto en Génova 13, con él como víctima del sacrificio expiatorio. El caso es que mientras en el PSOE se intenta contener una euforia desmedida, a la luz incluso de sus propios sondeos, en el PP procuran los dirigentes de la campaña electoral mantener izado el optimismo porque hasta el rabo todo es toro, lo cual significa que hasta el próximo domingo los electores pueden modificar sus preferencias, y desviar su voto antes decidido hacia la opción opuesta.
Se decía ayer en medios socialista que la reelección de monseñor Rouco Varela como presidente de la Conferencia Episcopal Española, descabalgando al obispo Blázquez, de Bilbao, y el nombramiento del arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco, como responsable de la Comisión para la Doctrina de la Fe ayudaría a movilizar a un sector apático del electorado socialista, galvanizándole contra las injerencias políticas de la cúpula eclesial, que en la legislatura acabada fueron frecuentes.
El terremoto que sugería ayer Rajoy tal vez no se produzca, ni el 9-M en las urnas ni el 14-M en el PP, al menos hasta que, en caso de fuerte derrota electoral, se procesasen sinceramente en el partido los errores de los últimos años. En la otra acera, ZP asistía en el Círculo de Bellas Artes, y en olor de los artistas más afamados (de cine, teatro y variedades), de intelectuales prestigiosos (escritores, catedráticos y algún rector de universidad) y de los habituales personajes de relleno a una exaltación socialista con vistas al 9-M, todos ellos en fervorosa defensa de la libertad, como si alguien la amenazase.
Pero algún observador político interpretaba a media tarde que Rajoy, además de no confiar ciegamente en su victoria, desconfiaba de la reacción de su partido en caso de nueva derrota electoral, anticipando un posible terremoto en Génova 13, con él como víctima del sacrificio expiatorio. El caso es que mientras en el PSOE se intenta contener una euforia desmedida, a la luz incluso de sus propios sondeos, en el PP procuran los dirigentes de la campaña electoral mantener izado el optimismo porque hasta el rabo todo es toro, lo cual significa que hasta el próximo domingo los electores pueden modificar sus preferencias, y desviar su voto antes decidido hacia la opción opuesta.
Se decía ayer en medios socialista que la reelección de monseñor Rouco Varela como presidente de la Conferencia Episcopal Española, descabalgando al obispo Blázquez, de Bilbao, y el nombramiento del arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco, como responsable de la Comisión para la Doctrina de la Fe ayudaría a movilizar a un sector apático del electorado socialista, galvanizándole contra las injerencias políticas de la cúpula eclesial, que en la legislatura acabada fueron frecuentes.
El terremoto que sugería ayer Rajoy tal vez no se produzca, ni el 9-M en las urnas ni el 14-M en el PP, al menos hasta que, en caso de fuerte derrota electoral, se procesasen sinceramente en el partido los errores de los últimos años. En la otra acera, ZP asistía en el Círculo de Bellas Artes, y en olor de los artistas más afamados (de cine, teatro y variedades), de intelectuales prestigiosos (escritores, catedráticos y algún rector de universidad) y de los habituales personajes de relleno a una exaltación socialista con vistas al 9-M, todos ellos en fervorosa defensa de la libertad, como si alguien la amenazase.