21/12/2010 / 00:00
Rafael Martínez Simancas


El misterio de la figurita del Belén


 
Ha perdido una gran ocasión Umberto Eco para ambientar una novela en la Moncloa en vez de hacerlo en "El cementerio de Praga". La Moncloa es un lugar perfecto para una obra de intriga, de espionaje, de sucesión y de personas que se ocultan dentro de una armadura. En un sitio así nunca se sabe si los tapices pueden escuchar las conversaciones. Igual que Valdano inventó el término "miedo escénico" pero no lo llegó a conocer bien hasta que Mouriño le miró a los ojos con cara de pocos amigos, Zapatero no ha experimentado el síndrome de la presidencia hasta que llegó el momento de la sucesión. Influido notablemente por el edificio presidencial, Rodríguez Zapatero predica la parábola de que uno sólo de sus apóstoles sabrá el destino final del maestro. Aquí un golpe de fanfarrias. Luego se extraña cuando Bono le dice: "Maestro, si por algo te seguimos es por lo claro que te explicas". Sólo una persona de su entorno, descontada Sonsoles que debe estar al cabo de la calle, sabe si Zapatero optará a la reelección como candidato para el 2012 (en el caso de que sean ese año y no antes, y en el caso de que los barones socialistas soporten este vacile que tanto les daña). Esa persona bien pudiera ser un pastorcillo del Belén que carga a una oveja en sus hombros, a fin de cuentas todo nacimiento que se precie debe tener al menos un misterio. Para que la trama novelesca funcione engrasada el pastorcillo tendría la cara de José Blanco aunque no llevara gafas porque en Judea no había ópticas en aquella época (aunque se podría admitir la licencia puesto que también se pasa porque la figurita de Herodes sea de mayor tamaño o que nieve en el portal cuando en realidad es corcho blanco desmigado). No es el rigor histórico el que anima a la construcción de un nacimiento, y tampoco es el rigor político el que anima a Zapatero a montar el Belén; el suyo, con sus figuritas colocadas en fila india dirigiéndose hacia el portal. Así pues, toda una formación política aguarda impaciente a que se revele el secreto una vez más a través de la boca de un pastorcillo inocente. El suspense genera mal rollo y algunas sospechas pero es lo que "Fray Rodríguez" ha querido como argumento central de esta novela al estilo de las complejas tramas de Umberto Eco. La política de nuestros días tiene altas dosis de espectáculo que será muy éticamente serán muy discutibles pero que generan audiencia. Y, también, mal rollo porque en el entorno presidencial hay no pocas miradas de sospecha y algunas dudas entre quienes han sido compañeros inseparables. No está la claridad entre las virtudes que adornan a nuestros presidentes a la hora de su relevo, tal vez porque se deben al argumento de la novela negra. . 

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